jueves 9/12/21

Vaya por delante de estas observaciones y puntualizaciones mi reconocimiento y admiración por el señor Francisco J. López Rodriguez y por sus sentimientos leonesistas, los cuales le honran, y que tan bien se plasman en su tribuna Quiero recuperar el reino que me robaron.

Después de finalizada la guerra incivil, que todos los españoles sufrimos, se instauró un régimen antidemocrático, que duró 36 años y que terminó a la muerte del dictador. Hoy, desde que se aprobó la Constitución han transcurrido 43 años de democracia. Un régimen de libertades políticas y, sobre todo, de libertad de opinión.

Esta última, llamémosla así virtud del régimen, es independiente de la estructura organizativa del Estado. No por mayor descentralización tendremos mayores cotas de libertad ni de pensamiento. Yo, que creo que el régimen de autonomías que en España nos hemos dado no es eficiente y se nos está escapando de las manos. Yo no aprecio que nuestra nación fronteriza, Francia, fuese más democrática con una mayor descentralización. Tampoco veo a Alemania, que en cuanto pudo, consiguió reunir de nuevo la Alemania Oriental desgajada de la Occidental por mor de la Segunda Guerra Mundial. Eso, por citar dos naciones próximas y democráticas de nuestro entorno geográfico.

En aras de conseguir una buena convivencia con los nacionalismos llamados periféricos, nuestros padres de la Constitución permitieron un régimen de autonomías del Estado. Claro, no sería de recibo ceder esa descentralización sólo a dos o tres nacionalismos periféricos, y por ello abrieron la mano a los demás, como era de justicia. Y ahí vino el problema.

Y digo problema, porque las dos regiones autónomas que mayor tendencia centrífuga tienen son aquellas a las que el régimen dictatorial anterior mejor trató y mayores mimos concedió. Es posible que las burguesías de aquellas zonas ayudasen con medios monetarios a la planificación militar del bando vencedor, y que por esa causa el trato que recibieron fue mejor que el de otros.

Desde luego siempre se cumple el lema, atribuido a Julio César de «divide et impera», que es válido en todos los asuntos de las relaciones humanas.

España empezó a ser potencia mundial cuando consiguió unificar políticamente sus territorios peninsulares, llegando, incluso, a ser potencia universal en aquellos tiempos en cuyos territorios «nunca se ponía el sol». Cuando por una acción nefasta de la Monarquía de principios del siglo XIX, España sufrió su última invasión militar, fue el pueblo de España, «todos a una», quien consiguió revertir la situación e imponer de nuevo nuestras fronteras anteriores a la invasión.

Siempre «la unión hace la fuerza» e, invirtiendo los términos, podríamos decir que no seremos fuertes si no estamos unidos.

España es un país maravilloso. Nuestras costumbres, nuestras historias locales, son múltiples y variadas. ¿Por qué nos empeñamos en dividirnos en reinos chiquitos, cada vez más diminutos? ¿Qué ventajas existirán para sus ciudadanos si nos separamos de una autonomía, ficticia sí, de acuerdo, pero exactamente igual al resto de las actuales de España? Todas las autonomías, y cada vez en mayor medida, están sirviendo para separar más a los españoles. Fomentando las lenguas, provocando mayores desigualdades en la Sanidad Social, en mayores gastos corrientes, léase personas dedicadas a la Política, permitiendo que partidos políticos con un número menor de votos, por presentarse solamente en sus circunscripciones autónomas, consigan más diputados que, por ejemplo, el Partido Comunista, que se presenta en todas las circunscripciones de España, habiendo obtenido un número mayor de votos que los nacionalistas y, por citar algún caso más, ¿qué sentido tiene dividir las Fuerzas de Orden Público con policías autonómicas?

¿Qué ganan los ciudadanos con las continuas subdivisiones que se pretenden con las autonomías? ¿Mayor riqueza material? ¿Mejor sanidad pública? ¿Mayor felicidad? Sí, ya sabemos que aumentarían las personas que gestionarían la res pública además de sus familiares. Pero, ¿y el resto de ciudadanos? ¿Cómo notarían esa enorme ventaja de ser diferentes a los demás? Y ¿qué le diríamos a otros ciudadanos como los habitantes de el Bierzo a los que les gustaría ser, también, diferentes?

En mi opinión, el régimen autonómico actual, tal y como está concebido, causa unos grandes perjuicios a las autonomías con menores rentas. Produciéndose, así, unas mayores desigualdades. Siempre se favorecerán las llamades autonomías históricas. Lo más social, lo más igualitario sería conseguir una óptima distribución de la riqueza de esta nación que llamamos España. Y por el camino que estamos recorriendo estamos consiguiendo que los más favorecidos sean cada vez más favorecidos. Contrariamente, los menos favorecidos caerán cada vez más abajo.

En una España democrática como la actual, unas competencias como la Sanidad, la Educación y las Fuerzas Armadas y Policiales, puestas bajo un mando único, el central, conseguirían mayores cotas de igualdad y eficiencia para toda la sociedad. En caso contrario seguiremos siendo una ensoñación y una entelequia de nación. El señor López Rodríguez expresa con clara y sana escritura sus sentimientos leoneses, y ello le honra. Pero no caigamos en la tentación de preferir ser cabeza de ratón en vez de ser cola de león. Las sociedades cultas, inteligentes y solidarias no se permiten el lujo de ser pequeñitas, porque las sociedades avanzan cuando toman un impulso único y con la fuerza de la unión de todos sus ciudadanos.

Sobre el reino ‘robado’
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