lunes. 05.12.2022

No se entiende muy bien que las autoridades trasvasen ciertas competencias de máxima necesidad como son los servicios de agua, luz, etc. Tiene que haber detrás intereses encontrados porque no se trata de hacer negocio a costa de estos servicios cuando hay mucha gente con problemas en este sentido. Nadie se cree que se privatice algo para no sacar tajada. Y con esto no se juega. Son servicios básicos y ha de primar ante todo el acceso a ellos a cualquiera y a un precio lo más bajo posible. Ni siquiera se debiera contemplar ninguna clase de IVA, pero este matiz será más un asunto de estudio. Desde luego no concibo que recaiga sobre ellos el mayor impuesto posible, como sucede con la luz. Todos nos llevamos la mano a la cabeza que se imponga el IVA más alto en esto servicios de vital importancia.

Y pasa con todo. Se privatiza la Sanidad, ¿para qué? Se privatizan las autopistas y si las cosas van mal recae sobre el Estado la quiebra. ¿Alguien nos lo explica en román paladino? No parece fácil salir a la palestra para sentar cátedra en esta dirección. Cualquier camino hacia la privatización solo puede acarrear mayores gastos para el ciudadano porque se suman los intermediarios y las posibles comisiones por doquier. Acto seguido, un servicio privatizado pasa al inventario como negocio. Y no es admisible.

Hay actividades que deben estar fuera de toda privatización, estemos en el estado democrático del partido que sea. El servicio básico no conoce colores ni partidismos. Otra cosa será cuando uno expone su pasta en una determinada profesión y trata de incrementar los beneficios al precio que sea. Todavía se puede concebir tal especulación, porque alguien expone su capital y trata de rentabilizarlo al máximo. Otra cosa será que el Estado ponga sus límites y aplique los impuestos acordes con los beneficios. Pero jugar con el pan diario no tiene ninguna puerta de acceso.

Es cierto que quienes trasladan el marrón del Estado a ciertas entidades alegan que los funcionarios públicos no gestionan bien o tan bien como si estuviera en poder de otros. No me entra en la cabeza. Al fin y al cabo se trata de poner a gente competente y será igual que esté o no privatizado.

Pasa lo mismo con todo cúmulo de empresas interpuestas que contratan y subcontratan de modo que el dinero se queda por el camino y el obrero que saca las castañas del fuego se queda a dos velas. Tanta delegación origina un sueldo precario para quien lleva a cabo la obra pertinente. ¿Cabe mayor torpeza? El Estado tiene sus órganos de contratación. ¿No bastaría con este simple proceso? Nada. El amiguismo renace con fuerza a través de otros mecanismos poco claros o innecesarios.

El agua, la luz, la sanidad, la enseñanza, el transporte… tienen que estar básicamente en manos del Estado. Eso no quita que haya profesionales que trabajen a su manera con otro selecto tipo de gente. Estos pueden pagarse como quieran estos servicios: educación, sanidad, etc.

Pero los demás debemos entrar en el trámite más público y reglado, ya que para ello pagamos unos impuestos que nos acogen bajo ese paraguas.

Esto no quiere decir que lo público sea inferior a lo privado. Pero es verdad que con el dinero se puede acceder a mayores cotas y lujos. Nada que oponer a tal privilegio, siempre y cuando sea en buena lid y dentro de los cauces de solidaridad necesarios. Pero lo mismo que existe el lujo en la vivienda y en la comida la mayoría caminamos por otras etapas dignas y meritorias y donde el capricho es más esporádico. A todos nos seduce la buena y lujosa vida, pero al menos que el tránsito no rebaje tanto este azaroso caminar por el mundo.

Tampoco debemos caer en el lado opuesto: Nacionalizar todo para que el control sea absoluto. Cuando algunos piensan que todos debemos ser iguales, que el pastel hay que dividirlo en partes iguales, etc. nos acercamos al caos. El Estado ha de cuidar las brechas salariales, pero dentro de un límite. Por suerte o por desgracia todos somos desiguales y esto favorece la competencia al máximo. La lucha, el trabajo, la capacidad, la suerte… forman parte de nuestro bagaje vital. Solo pido que nadie quede descolgado de este trayecto esencial.

De repente, vino la privatización
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