viernes. 03.02.2023

Hemos visto como Mariano Rajoy y Angela Merkel utilizaban la pasada cumbre Unión Europea-América Latina para cruzar mensajes sobre las recetas económicas más idóneas para salir de la crisis. Es algo ciertamente chocante. Más que nada porque ambos presiden los gobiernos de sus respectivos países y han sido elegidos al frente de partidos alineados en la misma internacional conservadora. Vamos, que no tendrían que irse a Chile para debatir sobre política económica. Lo suyo es que lo hicieran donde corresponde, esto es, en el seno de las instituciones europeas.

El hecho confirma el anómalo funcionamiento de la Unión Europea, donde Alemania, apoyada por sus satélites del Norte, impone su recetario a todos los demás, lo compartan o no. Y ahí radica justo el problema: Que las recetas que les convienen a los alemanes, holandeses y nórdicos resultan ser absolutamente contraproducentes para los países del Sur, desde luego para España.

Hasta los gurús del Fondo Monetario Internacional se han visto obligados a reconocer que la sobredosis de ajuste y recorte presupuestario ha agudizado la recesión económica y ha agravado el problema del desempleo en España. No hacía falta ser profeta para predecir que ese iba a ser el resultado de una política basada exclusivamente en la austeridad, sin combinar la misma con estímulos dinamizadores de la economía.

Hemos tenido que rozar los seis millones de parados para que el PP tome conciencia de que Europa nos está conduciendo a un «austericidio». Otro año más con la misma hoja de ruta conduce al abismo. Y sin embargo es a la que se atienen tanto los Presupuestos Generales del Estado como en los Presupuestos autonómicos, éstos últimos condicionados por su obligación de cumplir el objetivo de déficit.

Gracias a una amnistía fiscal insuficientemente explicada, la Junta de Castilla y León dispone de cerca de 30 millones de euros para financiar un plan de empleo. Menos es nada, pero dicha cantidad se me antoja muy insuficiente para combatir una tasa de desempleo superior al 20 por ciento que se encamina hacia los 250.000 parados. Sobre todo si se mantiene la actual dinámica de destrucción de empleo con la que esta comunidad ha iniciado el 2013: Cierre de la central nuclear de Garoña, bloqueo de las ayudas a la minería y ERE a discreción tanto en empresas privadas como en las propias administraciones públicas.

Si no se contiene esa hemorragia, el citado plan de empleo, al igual que el plan de estímulos para el crecimiento firmado entre la Junta, la patronal y los sindicatos, puede que no tenga más efecto que el de una tirita. Hace falta una mayor determinación política, aunque ella conlleve cierto desvío en el sacrosanto objetivo de reducir el déficit público.

Rumbo hacia el abismo
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