lunes. 08.08.2022

El Papa Francisco sufre un dolor agudo en la rodilla que ha reducido considerablemente su movilidad en los últimos meses, pero de aquí a decir que el Papa está pensando renunciar, es una simple especulación, un rumor sin sentido y tal vez mal intencionado. ¿Por qué estos rumores son tan fácilmente aceptados por la opinión pública?

En primer lugar, porque los rumores son fáciles de crear. Solo tienes que citar los últimos susurros de clérigos romanos anónimos que no tienen información real pero les encanta el chismorreo. Agrega citas de periodistas italianos cuyos editores no son tan rigurosos a la hora de exigir pruebas como los editores españoles. Y ya está creada la base del rumor. Una segunda razón por la que proliferan estas historias es que los lectores comunes se las creen.  Tenemos apetito por los rumores y chismes sobre personajes famosos. Los editores lo saben y nos dan lo que queremos. Finalmente, todo reportero teme perder una historia que termine siendo cierta.  La mayoría de los reporteros no vieron las señales de la inminente renuncia del Papa Benedicto XVI, y no quieren que otra renuncia papal les coja desprevenidos nuevamente. Ante esta insistente rumorología, yo soy de los que cree que el Papa no va a renunciar hasta que él mismo considere que ha llegado el momento.

Es cierto que la renuncia de Benedicto facilitó la renuncia de todos los papas posteriores. Siempre fue posible bajo la ley canónica; de hecho, los historiadores informan que alrededor de 10 papas han renunciado en los 2000 años de historia de la Iglesia. Pero había pasado tanto tiempo desde la última renuncia que muchos creyeron que era imposible. El Papa Pablo VI, por ejemplo, dijo que no se puede renunciar a la paternidad. También temía sentar un precedente que presionara a los futuros papas para que renunciaran. 

Lo que hace que la renuncia no solo sea posible, sino también en determinadas ocasiones necesaria, es la medicina moderna, que puede mantener vivo el cuerpo mucho más tiempo del que es física y mentalmente posible para que una persona pueda desempeñar dignamente cualquier rol. Benedicto XVI, antes de renunciar, dijo: «Si un Papa se da cuenta claramente de que ya no es física, psicológica y espiritualmente capaz de cumplir con los deberes de su cargo, entonces tiene el derecho y, en algunas circunstancias, también la obligación de renunciar».

Insinuar que no puede continuar su trabajo en su condición actual muestra que ni siquiera el Papa es inmune al prejuicio que miles de personas con discapacidad sufren a diario

El Papa Francisco comparte la misma opinión.  Siente que su elección fue una señal clara de que Dios quería que él fuera Papa y no puede dejar de lado este deber a menos que se vuelva incapaz de cumplir con sus obligaciones papales. En un encuentro con los obispos brasileños que  recientemente visitaron el Vaticano, el Papa les dijo: «Quiero vivir mi misión mientras Dios me lo permita y eso es todo». El Papa tiene muchos asuntos pendientes a los que atiende regularmente. Acaba de poner en marcha un proceso sinodal mundial y tratará por todos los medios de terminarlo. Es verdad que tiene problemas en la rodilla y que usa una silla de ruedas, pero no hay indicios de que sufra alguna discapacidad mental. Puede pensar y hablar con claridad, se reúne con personas y puede tomar decisiones prudentes.

Lo que está claro es que incluso si tuviera que permanecer en una silla de ruedas por el resto de su vida, aún podría realizar sus deberes papales esenciales siempre que su mente permanezca clara. En la actualidad, insinuar que el Papa no puede continuar su trabajo en su condición actual muestra que ni siquiera el Papa es inmune al prejuicio que miles de personas con discapacidad sufren a diario. Hay miles de españoles en sillas de ruedas que desempeñan muy bien sus trabajos.  Miles más tienen malas las rodillas.  Decir que el Papa debe renunciar es decirles a todas estas personas que sus puestos también están en riesgo.  ¿No deberíamos más bien celebrar que hay muchos trabajos que estas personas pueden hacer con éxito, incluido ser Papa?

Para tranquilidad de aquellos que se han alarmado ante los insistentes rumores de dimisión, el Papa Francisco ha negado que tenga intención de dimitir («Nunca se me ha pasado por la cabeza. No por el momento»). También niega los rumores de que esté enfermo de cáncer y adelanta su intención de visitar Rusia y Ucrania, inmediatamente después de su viaje programado a Canadá. De acuerdo a estas intenciones, tenemos Papa Francisco para rato. Y, por el bien de la Iglesia, que así sea.

Rumores sobre la renuncia del papa Francisco
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