Diario de León
Publicado por
Andrés Mures Quintana, analista político y experto en relaciones internacionales
León

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Para nadie es ya un secreto que el batacazo que se ha llevado la izquierda en general y el PSOE en particular en las recientes elecciones en Andalucía, puede conducir a un verdadero cambio de ciclo en la política nacional.

Desde las filas socialistas y desde el propio Gobierno se ha intentado por todos los medios a su alcance, que son numerosos, transmitir la idea de que el resultado andaluz no es en absoluto asimilable ni comparable a unos comicios generales.

Sea como fuere, los números cantan y este Partido Popular nuevo, de la mano de Juanma Moreno en tierras al sur de Despeñaperros y bendecido en las alturas por Núñez Feijóo, va encontrando lentamente pero sin detenerse ni un minuto, la senda de Moncloa.

Algo habrán tenido en su mente los electores andaluces para dar la vuelta a esas encuestas que sí pronosticaban un éxito para Moreno y el PP, pero no de las dimensiones que sentenciaron las urnas, y que ha provocado un verdadero tsunami en los socialistas; menos en los otros grupos del centrro izquierda, que puertas adentro se lo temían. Yolanda y Teresa Rodríguez y los comunistas en general, han quedado literalmente desarbolados.

En el caso de Yolanda Díaz la bofetada ha sido realmente apoteósica y la deja con las ruedas pinchadas de cara a la puesta en camino de su proyecto ‘Sumar’.

Si a ello sumanos (valga la redundancia) la defenestración de Mónica Oltra su gran aliada, la imagen política de la Vicepresidente y ministra de Trabajo, se viene literalmente abajo.

Ciudadanos, como era de esperar se ha ido totalmente al traste, y su desaparición es solamente cuestión de no muchos meses.

Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía) se ha quedado con una escasa recolección de votos (6 escaños) y en buena medida recoge el descontento originado en Cádiz capital por la desastrosa política municipal de su pareja González ‘Kichi’.

En la Comunidad Valenciana, la corrupción generalizada auspiciada por los socialistas de Ximo Puig va poniendo a «Peluquines» en aprietos día tras día, sumado a todo el affaire de su vicepresidente Mónica Oltra, su posición va haciéndose crítica por momentos. Los comunistas de Compromís, de la mano de Baldoví (sucia mano) han quedado retratados bailando al son de la comparsa con la dimitida Oltra.

El panorama en Valencia se presenta desolador para las fuerzas de izquierda. Falta que el PP encuentre un candidato de valía para volver a los tiempos en que gobernaba toda la Comunidad con amplias mayorías.

A la vista de este panorama, más la inflación galopante,más la luz, los carburantes, la valla de Ceuta y Melilla, y los líos morrocotudos en que nos ha metido con Argelia y Marruecos, Sánchez, es decir el amigo «Antonio» en palabras de Mario Draghi, no sabe exactamente dónde buscar cobijo.

Cuando se están escribiendo estas líneas, se prepara a toda máquina la reunión de los países de la Otan que se celebrará en Madrid. Sánchez es un verdadero monigote en el tablero de política internacional. Todavía muchos se maravillan a estas alturas de que la cumbre de la Otan se celebre en España. En estos días previos, aparte las gansadas de Sánchez y sus desafueros allá por donde pisa, están sus socios separatistas y comunistas montando numeritos.

Entre los segundos se cuentan, cómo no, sus socios más allegados: los comunistas. Yoli maravillosa, Echeminga, Montero, marquesa ex consorte de Galapagar, la Belarra, Garzón. Money... dero, en fin, lo mejor de cada casa.

Añadimos al crack Rufián y a los herederos de los de la pistola al cinto, y no nos explicamos cómo el primer ministro holandés (ve a Sánchez y le sube la bilirrubina) o la premier finlandesa no han montado el número gordo de oposición a que España sea la anfitriona de esta cumbre.

Habría que añadir a Joe Biden, el «amigo americano», pero últimamente el inquilino de la Casa Blanca sí que parece más que nunca una momia andante, en palabras de un avispado y ocurrente comentarista político de influencia más que notable.

Sánchez se ha sacado de la chistera un montón de medidas anticrisis en el Consejo extraordinario celebrado el sábado día 25 del mes pasado (junio).

Veremos en qué quedan, a ver si ocurre lo mismo que con las ayudas a los de la isla de La Palma, que de momento se han quedado en su mayoría «a verlas venir».

El mayor problema de este Gobierno, en palabras de numerosos expertos en política nacional e internacional, es que tenemos una colección de ministros, ministras (y menistres) que no están a la altura de las circunstancias.

Los problemas que acucian a España no se resuelven con las cosas «chulísimas» que se le ocurren a la vicepresidenta y ministra de Trabajo, la comunista Díaz. O con las gansadas esperpénticas de la Montero de Galapagar, la Belarra o Garzón. Aunque los socialistas no le van a la zaga en barbaridades, carencias y veleidades sin cuento.

El pobre Albares anda con un matamoscas dando palos de ciego aquí y allá. La prensa argelina lo ha puesto de ajo perejil.

Teresa Ribera, la de transición ecológica, tiene serios problemas para encontrar dónde tiene apoyada su mano derecha. Marizú de Sevilla, inmersa en un lío hacendístico mayor que su verborrea inenteligible y por fin, Nadia, esa señora tan compuesta con pinta de ser la más lista de la clase, se ha quedado colgada de su foulard de Hermés, que ha resultado, al final, su única carta de presentación, lo demás polvorilla de chica supuestamente despejada, pero la realidad se vuelve tozuda.

En resumen, que «Antonio» tiene un lío gordo entre manos que no sabe cómo resolver.

Nos preguntamos si llamará a Iglesias, el amigo de Lily Verstringe en su ayuda.

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