lunes. 08.08.2022

Allá a finales del siglo pasado corrieron tiempos difíciles para la Semana Santa leonesa. La aparición en apenas diez años de nueve cofradías, dos de ellas exclusivamente femeninas, no fue acogida con demasiado entusiasmo por las siete ya existentes, contrarias como eran a la incorporación de mujeres en sus filas y no muy convencidas de tener que compartir la tradición semanasantera que orgullosamente abanderaban. Tan fue así que ya el primer año no se pusieron de acuerdo en los horarios e itinerarios de sus respectivas procesiones lo que se tradujo en un lamentable encontronazo procesional entre dos cofradías que se disputaron la calle a empujones, amenazas e insultos, lo que al día siguiente la prensa local recogió con un llamativo titular: ‘A cristazo limpio’.

Llamadas que fueron al orden, parecieron alcanzar un prometedor principio de acuerdo organizando la que denominaron Procesión del Pregón, desfilando todas ellas en la noche del Lunes Santo con sus imágenes más representativas. Constituyó un éxito, hasta el punto de pronosticarse que aquel espectacular y multitudinario desfile podía convertirse en el más llamativo y representativo de nuestra Semana Santa. Vana ilusión porque al segundo año las tres cofradías más antiguas anunciaron su negativa a seguir participando en ella y organizaron el mismo día, conjuntamente y en exclusiva, la Procesión de la Pasión, lo que se tradujo en nuevos enfrentamientos y acusaciones,

El entonces alcalde de León, Mario Amilivia, intentando controlar y apaciguar ánimos, creó la figura del Coordinador Municipal de la Semana Santa con el objetivo, de alcanzar sobre todo el reconocimiento turístico, tanto nacional como internacional, y la creación del Museo de la Semana Santa. Y así, en noviembre de 1997, el concejal de Urbanismo, Cecilio Vallejo, presentó el proyecto de construcción del Museo a la Junta Mayor, redactado por el arquitecto Mariano Sáenz de Miera, para lo que se habilitarían las dependencias del palacio del Conde Luna. El presupuesto se estimó en unos doscientos millones de pesetas para lo que se solicitarían las subvenciones oficiales oportunas. El coordinador municipal redactó un amplio informe titulado Fundamentos históricos, artísticos y culturales para la creación del Museo que se elevó a diferentes organismos oficiales para obtener su subvención.

Pero pronto surgieron los impedimentos dentro de la misma Junta Mayor. Las cofradías más antiguas anunciaron que no cederían sus imágenes porque debían ser veneradas en sus iglesias y sedes oficiales. Y abrieron al público su museo particular en Santa Nonia. Por si fueran pocos los problemas se descubrió que de la sede de la Junta Mayor, situada en los bajos del ayuntamiento de la plaza de San Marcelo, habían desaparecido libros, fotografías, carteles, programas… todo el precioso legado histórico de nuestra Semana Santa. Los guardias de la puerta del consistorio dieron a conocer la identidad del supuesto sospechoso, exsecretario de la Junta Mayor, recién cesado, y único que tenía llave.

Faltaba alcanzar el objetivo municipal más ambicioso cual era el reconocimiento internacional que entonces tan sólo ostentaban las Semanas Santas de Sevilla, Málaga, Valladolid, Cuenca y Zamora. Se sumaron a ello todas las instituciones leonesas, oficiales y particulares, exministros leoneses, el presidente de la Junta, a través de la cual se tramitó el voluminoso expediente, detallando cofradías, imágenes, procesiones, plazas hoteleras, con el Hostal de San Marcos como emblema, comunicaciones, destacando el aeropuerto, etc. Se pronunció el pregón de la Semana Santa de León en doce capitales de provincia y se editaron folletos divulgativos en cuatro idiomas. Se publicaron tres libros y videos. Se consiguió, tras no pocas gestiones, que Televisión Española ofreciese en directo la procesión de Los Pasos en la mañana del Viernes Santo. De todo ello se informaba puntualmente tanto a la Junta Mayor como al Ayuntamiento.

Tras recibir el acuse de recibo de la Secretaría de Estado de Turismo anunciando que en el plazo aproximado de dos meses se confirmaría la concesión, surgió de nuevo un sorprendente imprevisto. No había transcurrido más de un mes cuando desde la Secretaría de Estado de Turismo se comunica a la Alcaldía de León que una cofradía leonesa, con los avales de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y del que fuera senador por León, Alfredo Prada, solicitaba la distinción internacional en exclusiva. Ni la Junta Mayor de la Semana Santa ni el Ayuntamiento tenían conocimiento de tal gestión, ni la mayoría de los miembros de la cofradía que ni siquiera compartían tal decisión. Incluso en el ministerio manifestaron que nunca se les había presentado un caso semejante. Se trató por todos los medios que el asombro y la indignación de las restantes cofradías no trascendiese y que se encontrara una solución lo más amigable posible.

Con el visto bueno de la Alcaldía y de la Junta Mayor, la gestión final corrió a cargo del aludido exministro leonés, siempre dispuesto a colaborar desinteresadamente, quien juntamente con un representante de la Secretaría de Turismo y del coordinador municipal, añadieron al Título Internacional, ya ultimado para la Semana Santa de León, un anexo mencionando especialmente a la cofradía que tan solapadamente pretendía erigirse con el título. Y aquí paz y después gloria.

Este recuerdo aclaratorio tan sólo ha pretendido hacerse eco del malestar que entre viejos cofrades leoneses han producido las llamativas desinformaciones aparecidas en los pasados días en algunos medios locales, y el afán de protagonismo que a cualquier precio distingue a ciertos personajillos. Y que sea para bien.

Sobre las Semanas Santas conflictivas
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