domingo 5/12/21

En principio sería de esperar que un mismo acto que se somete a una sentencia judicial tuviera un veredicto igual o al menos muy similar. Es decir que la sentencia fuera básicamente independiente de la personalidad del juez que le hubiera tocado juzgarla. Sin embargo, durante la pandemia hemos visto muchas sentencias contradictorias, lo que ha generado confusión entre la población en general. La disparidad de sentencias creo que sería en mayor medida achacable a la personalidad del que juzga que al marco normativo.

El premio nobel Daniel Kahememan en su obra Ruido. Un fallo en el juicio humano explora «la variabilidad del sistema en juicios que idealmente deberían ser idénticos». Su conclusión es que hay «grandes disparidades entre los jueces en las sentencias que recomendaban para casos idénticos». El experimento (como suele ser habitual) se hace en Estados Unidos. En el mismo se llegan a conclusiones tan sorprendentes como que es más probable que los jueces concedan la libertad provisional al comienzo del día o después de una pausa para comer que inmediatamente antes de esa pausa. Es decir, un juez con hambre es más severo. También nos dice que la sentencia cambia en función de si tu equipo de futbol (en su caso el americano) gana o pierde.

Si la condena media de un caso es de 7 años, el rango en función de la personalidad del juez estaría entre los 10.4 años (el más severo) o los 3,6 años. Por eso mismo ese autor nos dice que el ruido del sistema es cinco veces mayor de lo que pensábamos. En ese mismo experimento se exponen una serie de 16 casos a 208 jueces para hallar la variabilidad de las sentencias. En base a ello construye la teoría que vamos exponiendo.

Ante esa situación el propio Congreso de los Estados Unidos promovió una ley que restringiese el poder interpretativo de los jueces y favoreciera el atenerse a lo que estrictamente dictaminaba la ley. Esta situación provocó importantes rechazos y finalmente fue eliminada. Se había logrado reducir la variabilidad en las sentencias pero ello chocaba con limitar el poder de los jueces.

El ideal sería que manteniendo la independencia de poderes se consiguiese reducir el sesgo que se produce en las sentencias en función de la personalidad del juez. Tal vez ese objetivo se podría lograr si la propia judicatura favoreciese esas medidas correctoras

En nuestro caso podríamos decir que hay muchas sentencias que la ciudadanía acata pero no las llega a comprender. Los ejemplos pueden ser muchos pero podemos poner alguno. No se entiende que alguien grabe a unas mujeres sin su consentimiento mientras orinan, suba esas grabaciones a redes pornográficas y el juez diga que eso se puede hacer por estar en un espacio público. Tampoco se entiende que unos jueces dictaminen en sentido contrario a posibilitar el estado de alarma ante la demanda de un partido que censuraba no haberla decretado antes. Todo ello meses después de haberse producido la emergencia sanitaria. La ciudadanía no llegaba a comprender que en unos lugares los jueces consideraban aceptable la restricciones en hostelería en otros sin embargo las prohibiesen.

La lentitud de los procesos tiene también muy graves consecuencias. En nuestra opinión lo que viene ocurriendo en Cataluña tiene un punto de partida muy importante cuando una sentencia judicial anula un marco estatutario que había sido ya refrendado por la ciudadanía. No entramos en lo que es el contenido de lo que se había aprobado, pero es claro que si ello escapaba del marco normativo habría que haber procedido a anularlo antes de que llegase a las urnas y no después. Muchos ciudadanos se sintieron desautorizados por los tribunales.

Ahora mismo hay un debate planteado sobre lo que es la renovación de los cargos del Consejo General del Poder Judicial. Existe el riesgo de la concentración de poderes. Ciertamente es un signo de las dictaduras que el poder judicial esté al servicio del poder político. Por eso es saludable la separación de poderes. Sin embargo también puede suponer un riesgo el dar excesivo poder a unos jueces que como hemos visto pueden juzgar más en función de su propia personalidad que de lo que pueda decir la ley. La solución no es fácil.

Probablemente habría que seguir aquella máxima de los romanos de que «en el medio está la virtud». El ideal sería que manteniendo la independencia de poderes a la vez se consiguiese reducir el sesgo que se produce en las sentencias en función de la personalidad del juez. Tal vez ese objetivo se podría lograr si la propia judicatura favoreciese esas medidas correctoras.

En psicología se conoce que es importante que no haya excesiva distancia temporal entre una conducta y el premio o castigo que pudiera estar asociado a ella. En ese sentido habría que acortar los plazos de las sentencias judiciales. Tareas complicadas pero importantes, habría que ir avanzando hacia esas metas.

Las sentencias judiciales
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