sábado. 13.08.2022

Siempre me ha llamado poderosamente la atención, a nivel clínico, la gran diferencia que existe entre los enfermos alcohólicos según se traten de hombres o de mujeres. Esa es una realidad tan observada, y experimentalmente tan comprobada, que se hace prácticamente indiscutible.

Desde el inicio, esa realidad ya nos avisa de la diferencia entre hombre y mujer en la cantidad de unidades de bebida alcohólica que pueden provocar un comienzo de enfermedad. En la mujer el riesgo comienza cuando se supera un vaso vino al día o su equivalente (un vaso de cerveza…), en cambio, en el hombre ese riesgo comienza cuando se supera los dos vasos de vino al día (que equivale a dos vasos de cervezas…). El porqué de esa diferencia, aceptada internacionalmente, no tiene una explicación lo suficientemente consolidada.

Además, está comprobado que a nivel psicológico y neurológico el aumento de la bebida alcohólica produce una alteración básica del comportamiento muy diferente según sea en el hombre o en la mujer. Se confirma que las mujeres beben más bajo el efecto del estrés y en un contexto afectivo, y los hombres muestran mayor vulnerabilidad bajo una conducta evasiva e impulsiva. A todo ello, también se constata que los hombres tienen más dificultad para abandonar la bebida.

Dependiendo que el abuso de la bebida incida en un hombre o en una mujer, el alcohol produce una afectación de distintas estructuras cerebrales, con sus distintas alteraciones funcionales subsiguientes.

Esas diferencias de sexo en las alteraciones cerebrales que provoca el aumento del alcohol pueden explicarse, en parte, por el papel que ejercen las hormonas modulando una gran variedad de funciones del cerebro.  Estas funciones incluyen, según el área cerebral afectada, la regulación del modo característico de conducta,  el área de conocimiento y de la memoria, el nivel de aprendizaje, las  respuestas de estrés, los  fenómenos de psíquicos de recompensa, etc.

Es conocido que el consumo crónico excesivo de alcohol provoca una serie de alteraciones que tienen más relevancia en las mujeres que en los hombres.  Es bien notorio que en las mujeres ese mayor consumo de alcohol supone un incremento en el riesgo de desarrollar cánceres, lesiones hepáticas, y enfermedades cardiovasculares, en comparación con los hombres.  Así, por ejemplo, las mujeres con patología alcohólica hepática muestran un riesgo de mortalidad del 71 %, comparado con un 64 % en hombres.

En definitiva, nuestra constitución como hombre o mujer se comprueba de forma palmaria en la enfermedad alcohólica, que quizás con una evidencia más marcada que en otras enfermedades, tiene dos formas de presentarse como tal enfermedad según incida en el hombre o en la mujer. Es un hecho que he podido constatar en la clínica en innumerables veces.

El sexo y el alcohol
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