domingo 11/4/21

Sin ley no hay democracia

Entre las numerosas declaraciones que han hecho distintos políticos referentes a la petición del alcalde de León, José Antonio Diez de una autonomía para la Región Leonesa, destacan las de Alfonso Fernández Mañueco, presidente de la Junta, en las que decía que «las autonomías eran un modelo de éxito». Comentó también que «la Historia de León era rica y variada, pero lo que importa es que la autonomía de Castilla y León es un modelo de éxito que nació hace 37 años». No sé si estas declaraciones son producto de la incultura, de la mentira o de ambas.

La creación de las autonomías está siendo la mayor amenaza de destrucción de España desde la invasión de los musulmanes del 715. Éstas son algunas de las pruebas: la creación de las autonomías en 1978 ha servido para que los partidos políticos las hayan convertido en chiringuitos para colocar a sus afiliados y amigos, multiplicando por cuatro el número de personas que están cobrando un sueldo de los Presupuestos Generales del Estado. El gasto de las autonomías ha provocado una deuda del Estado superior al billón de euros, una deuda que aumenta año tras año. Esta deuda llevará a la quiebra económica de España más pronto que tarde, empezando por las pensiones que desaparecerán o bajarán a un nivel que colocará a los pensionistas en un estado de pobreza desconocida en este país.

Algunas regiones han recibido unos privilegios en forma de derechos históricos, que de históricos no tienen nada. Han creado unas fronteras lingüísticas que nunca habían existido. En algunas es imposible poder estudiar en español, incumpliendo el artículo 3.1 de la Constitución, que dice: «el castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla». Se ha creado una inmersión lingüística para fomentar ideas nacionalistas en los alumnos con el fin de destruir la nación española. Las autonomías han creado 17 modelos diferentes de cultura.

El modelo autonómico, tal como se ha hecho, es perverso por el trato desigual en algunas regiones

Por si todo esto fuera poco, algunos dirigentes políticos están haciendo unas declaraciones muy claras sobre la perversidad de las autonomías. Montserrat Bassa, diputada de ERC dijo en el Congreso: «me importa un comino la gobernabilidad de España». Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ha dicho: «el PSOE es el partido que derrotó a ETA». Óscar Matute, diputado por Bildu, le contestó en el Congreso durante el debate de investidura: «ni nos han vencido ni nos han domesticado, la izquierda abertxale es la que pone y quita presidentes de España».

El mismo presidente del Gobierno, en su discurso de investidura, dijo: «sólo la ley no basta». ¿Qué significan estas palabras? Muy sencillo, que las leyes contenidas en la Constitución no bastan, lo que importan son las negociaciones entre los políticos.

El modelo autonómico, tal como se ha hecho, es perverso por el trato desigual en algunas regiones. La propia autonomía de Castilla y León es un engendro antihistórico.

Fernández Mañueco y sus palabras de que las autonomías son un modelo de éxito son muy esclarecedoras de su ideología política, no engañan a nadie. Cree que la inminente ruina económica de España es un éxito. Cree que la inminente destrucción de la nación española es un éxito. Cree que las fronteras lingüísticas creadas en España es un éxito. Cree que los insultos de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, llamando paletos a los leoneses por pedir que León tenga los mismos derechos que el resto de españoles, es un éxito. Cree que conceder grandes privilegios, que llaman históricos, a ciertas regiones españolas es un éxito. Cree que la despoblación y empobrecimiento imparable de la región leonesa, la mayor tragedia en su milenaria Historia, motivada por su integración obligada en Castilla, es un éxito.

La Región Leonesa no ha recibido de la Junta autonómica ni limosnas, León sólo está para surtir recursos económicos a una parte de Castilla como dijo hace algún tiempo uno de los pocos políticos decentes que existen en esta Comunidad: «es muy triste ver pasar el agua por delante de la puerta de tu casa para regar otras tierras mientras las tierras leonesas se mueren de sed». Destruir Castilla de forma inconstitucional, concediendo autonomía a las provincias castellanas de Santander y Logroño que nunca fueron región, es un éxito. Le recuerdo que esa concesión se hizo en contra de la voluntad de santanderinos y logroñeses que lo que querían era una autonomía de Castilla la Vieja.

Unir la región leonesa con el resto de Castilla también de forma inconstitucional porque son dos regiones diferentes, le parece un éxito. Sr. Mañueco, le recuerdo, por si no lo sabía, que las regiones de León, Asturias y Galicia son las tres regiones más históricas de España. Le recuerdo también que la creación de la autonomía de Castilla y León se ha hecho sin haber consultado a los ciudadanos de ambas regiones, despreciando el Estado de Derecho y sin Estado de Derecho no puede haber libertad ni democracia, pero a usted que los ciudadanos leoneses y castellanos no tengan libertad, le parece un éxito. Con políticos dirigentes como usted el futuro de la región leonesa y gran parte de la región castellana no es negro, es negrísimo. Sr. Mañueco, rememorando al famoso Cicerón en la célebre frase que dirigió al traidor y conspirador Catilina, le digo ¿hasta cuándo va a abusar de la paciencia de los leoneses y los castellanos?

Si los políticos han conseguido hacer desaparecer al Reino de León de la Historia, ahora la creación de las actuales autonomías, tal como están hechas, van a servir para que España desaparezca de la Historia. Los problemas que están creando los nacionalismos no se solucionan con diálogos políticos sino aplicando la ley, toda la ley, sin ley no hay democracia.

La solución es la eliminación de las autonomías o crear otras diferentes, respetando la Historia real, sin privilegios para nadie, con los mismos derechos para todos y conservando el Estado, al menos, plenas competencias en cultura, sanidad, justicia, interior y hacienda

Sin ley no hay democracia
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