martes 11/5/21
raúl alonso estébanez

Situación actual de la arquitectura

Unos dicen que la situación general y de la construcción, desde una perspectiva económica, es catastrófica. Otros, guiados por un pensamiento positivo primo hermano del instinto de supervivencia, hablan de oportunidad en vez de crisis, sin pararse a pensar que desde esa perspectiva darwinista no existe una oportunidad para todos.

Además, la idea del crecimiento sostenido pudo estar bien durante una época, pero ha terminado por mostrarse intrínsecamente enferma en un mundo finito.

Personalmente, me he pasado casi toda mi vida profesional intentando integrar en mis proyectos cosas tan simples como colectores solares que ahorrasen energía para conseguir agua caliente. La realidad es que durante algo más que los dos primeros tercios —el código técnico llegó sospechosamente tarde e ineficaz—, el triángulo promotor/comprador/arquitecto, fue impermeable a esas cuestiones.

Generalizando, con el peligro que eso tiene, los promotores gastaban estrictamente lo que los compradores solicitaban, y éstos no pedían gran cosa por una mezcla de ahorro, especulación y falta de conciencia, en este caso ecológica, y nosotros, los arquitectos, evitábamos integrar esas «cosas» ya fuese por estar ensimismados por la belleza de nuestros proyectos, o por dejarnos llevar por la opinión de los clientes ante la posibilidad de perder nuestro trabajo.

Y así hemos llegado hasta hoy, en que «de repente» le hemos visto las orejas al lobo y hemos empezado a echar la culpa a nuestros políticos, que la tienen y mucha, pero que no dejan de ser un reflejo u origen, ahí cada cual, de las sociedades que los elegimos.

Por mi parte, he conseguido sobrevivir a esta ola de construcción sin que me haya devorado por no pensar como ella, y ahora que a lo que me dedico (sostenibilidad aplicada a arquitectura y urbanismo), aunque mal y tarde, se está comenzando a tener en cuenta, nuestro estudio, Interurbano, ha ganado dos concursos en el último año, uno en Sevilla y otro en São Paulo.

Teniendo en cuenta que la palabra crisis en medicina habla de un cambio brusco en el enfermo, hacia la mejoría o hacia la gravedad, pienso que no es inteligente alargar la agonía de una manera de vivir intrínsecamente destructiva, que no se trata de volver a construir o a acelerar la economía para recuperar nuestra capacidad adquisitiva, sino de tener valor, mirar a la enfermedad a los ojos y proponer soluciones para la raíz del problema, sin quedarnos en la superficie, aunque duela y de mucho miedo. No consigo imaginar otro camino.

Situación actual de la arquitectura
Comentarios