sábado 04.07.2020

La sociedad civil está harta

El domingo muchos ciudadanos de León, al igual que en otras ciudades y municipios de España ya desde hace días, decidieron aprovechar para pasear, dentro de las limitaciones horarias que el Gobierno nos permite dentro de este estado de excepción encubierto en el que nos encontramos, con sus cacerolas y sus banderas, con sus mascarillas y respetando la distancia social. Exactamente igual que lo hacen, en cantidades incluso superiores en esas franjas horarias, por la orilla del Bernesga o por las zonas verdes de Eras de Renueva, ni más ni menos. El derecho a la libertad de movimientos y a la libertad de expresión están consagrados en la Constitución y deben ser respetados. Vox, como ya se ha repetido reiteradas veces, no es quien tiene la iniciativa de estas movilizaciones ciudadanas de la sociedad civil, pese a que a muchos le gustaría que fuera así para tener argumentos en contra nuestra formación política, pero sí que alienta a que, en el uso de las libertades individuales de las personas, cada ciudadano, cumpliendo estrictamente con el distanciamiento social y la utilización de sus EPIs de carácter individual, pueda salir a la calle en plena libertad cumpliendo la Ley.

Quizá esto es lo que más duele y menos soporta la izquierda, la sociedad civil está harta de una gestión tardía y nefasta, que se le quiere vender como la mejor de toda EuropaDesde el domingo por la noche he tenido la ocasión de leer muchas cosas en las redes sociales y he de decir que ninguna me ha sorprendido. Muchas compartiendo el sentir de los leoneses que salieron con absoluta corrección, tanto hacia a la ciudad como a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y policía local, a los que por supuesto todos los que estábamos paseando por León les tenemos el más absoluto respeto en el desempeño de su labor y a los que seguimos apoyando en su trabajo porque la ley se cumpla mostrando desde aquí mi apoyo personal ante los que ponen en duda su trabajo en determinadas circunstancias, cuando lo único que hacen es cumplir con su deber. Y por supuesto otras muchas en contra, algunas respetuosas poniendo en duda o criticando la acción de esos ciudadanos que decidieron que su paseo diario fuera de esa forma y por ese sitio, y por supuesto otras con la descalificación y las faltas de respeto que tampoco sorprenden porque son habituales.

Dentro de estos últimos, hay descalificaciones que no me sorprenden por ser habituales. Calificativos como «extrema derecha» , »fascistas», «parásitos e inmundicia», tan de moda últimamente por como se dirige a casi cuatro millones de españoles el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias, etc…, pero me ha llamado la atención de gente que por supuesto no estaba presente por el centro de León, descalificaciones como «ciudadanos extremistas», »cavernícolas», «ciudadanos radicales».

Quizá esto es lo que más duele y menos soporta la izquierda, la sociedad civil está harta de una gestión tardía y nefasta, que se le quiere vender como la mejor de toda Europa

Es una pena que no lo hubieran vivido en directo, pero se lo voy a comentar yo, porque muchos de ellos se dirigieron personalmente a nuestro diputado Pablo Calvo, a mí y a otros miembros de nuestro partido para pedirnos que les escucháramos ante lo que están viviendo en sus propias carnes.

¿Es un ciudadano extremista y radical el afectado por un Erte que ruega que se haga algo porque no va a cobrar hasta junio desde el día 14 de marzo que se le prohibió ir a trabajar? El domingo los había.

¿Es un ciudadano extremista y radical el autónomo que, con su cartel y su bandera, decía que no entendía que el Ayuntamiento de León se vaya a gastar casi 500.000 euros en algo absolutamente innecesario ahora mismo, mientras a él no se le permite abrir la puerta de su negocio después de 60 días y todavía no sabe ni cuándo ni cómo lo va a poder hacer? El domingo los había.

¿Es un ciudadano extremista y radical el empresario leonés, especie a la que habría que cuidar como si fuera ‘especie protegida’ en nuestra ciudad, que no sabe qué va a hacer con sus empleados porque ve que no existe ningún horizonte ni certeza en cómo va a poder retomar su actividad y se encuentra en una absoluta inseguridad jurídica después de más de 60 días sin ningún plan concreto de reactivación social y económica? Ayer los había. ¿Es un ciudadano extremista y radical el jubilado que no da crédito a lo que está viendo por parte de un gobierno más preocupado de contentar a sus socios, socios que públicamente ya han manifestado en sede parlamentaria que les «importa un comino» la gobernabilidad de nuestro país y solo les importa romperlo? El domingo los había.

¿Es un ciudadano extremista y radical el joven que te pregunta que va a ser de su futuro y del trabajo y del negocio de sus padres, a los que con este confinamiento han visto directamente sufrir en casa las 24 horas del día pensando en cómo van a sacar a sus familias adelante? El domingo los había.

Pues todo ese tipo de leonés «extremista y radical» que les he contado, es el que salió a la calle con sus mascarillas e intentando mantener en todo momento el distanciamiento social, al igual que hace la gente que pasea por la orilla del Bernesga o por las zonas verdes de Eras de Renueva, incluso a lo mejor en menos cantidad.

Y lo más importante, les aseguro que había votantes de todos los partidos políticos, reconocidos, no solo votantes o simpatizantes de la «ultraderecha» o de los «fascistas», como les gusta denominar a la gente de la izquierda a los votantes de Vox. Quizá esto es lo que más duele y menos soporta la izquierda, la sociedad civil está harta de una gestión tardía y nefasta, que se le quiere vender como la mejor de toda Europa en todo, cuando en media Europa hoy, por ejemplo, en Italia, Francia, Grecia, Portugal están avanzando y recobrando con ideas claras y planes claros desde hace más de mes y medio su actividad económica. ¿No es un poco raro que siendo los mejores en casi todo estemos como estamos? Que cada uno saque sus conclusiones.

La sociedad civil está harta
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