domingo 23/1/22

Ha sido una constante entre los pueblos primitivos el tratar de sacralizar aquellos espacios y tiempos no comprendidos, con el ánimo de dominar lo desconocido del cosmos a través de celebraciones sagradas y profanas.

Las celebraciones más extendidas en las culturas antiguas nacieron en torno al solsticio de invierno, celebrado del 21 al 23 de diciembre, que marca los ciclos del sol y el cambio de las estaciones. Muchos pueblos primitivos consideraron el solsticio como una manifestación de la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo, porque en él se producen las noches más largas del año, pero, pasadas estas, los días empiezan a crecer en horas de luz, y así comenzaron a aparecer las fiestas natalicias del astro sol.

Las interpretaciones del solsticio de invierno han variado en las distintas culturas a lo largo de la historia, pero la mayoría de ellas lo reconocen como un tiempo especial.

Ya en el período Neolítico y en la Edad de Bronce aparecen sitios arqueológicos, como la tumba de   Newgrange,  en Irlanda, construida entre 3.300 y 2.900  a. C. y orientada al sol naciente para captar la luz en el amanecer del solsticio.

Cada año, en la mañana del 21 de diciembre, el sol penetra en el interior de la tumba, iluminándola durante 17 minutos.

Por su parte Stonehenge, en Gran Bretaña, construido entre los años 3.100 al 2.000 a.C.​, es considerado todavía hoy un lugar sagrado, lleno de energía. Ambos monumentos son considerados como una epifanía del nacimiento del sol.

En la cultura egipcia, Horus era una encarnación de Osiris concebida milagrosamente por Isis y manifestada al pueblo en el solsticio de invierno. En el antiguo Egipto, en el solsticio de invierno, los sacerdotes de Isis sacaban del templo una imagen de Horus, en forma de niño recién nacido, para exponerla a la adoración pública. Según la mitología egipcia, Horus,  fue el hijo póstumo del matrimonio entre Isis y Osiris. Nació del vientre de Isis después del fallecimiento de Osiris, su padre. Se dice que Horus nació de una diosa virgen, Isis. Al poco tiempo de su nacimiento, Horus tuvo que ser escondido por su madre para protegerlo de la ira de Seth, su tío y hermano de Osiris, su padre, e Isis, su madre.

En la mitología griega, Poseidón era el dios supremo del mar, de los océanos y también de los terremotos y de los fenómenos naturales de la tierra. 

Los calendarios griegos variaban de ciudad a ciudad, pero en algunos calendarios, el mes del solsticio de invierno lleva el nombre de Poseidón y a las fiestas celebradas en su honor las llamaban Posidea. También celebraban desde el solsticio hasta el fin del año al dios Cronos, dios del tiempo.

En Roma, por su parte, celebraban las Brumales, fiestas del solsticio de invierno, en honor de Baco. También se celebraban en estas fechas las Saturnalia, fiestas en honor de Saturno, dios de las semillas, de la siembra y del tiempo. Los días dedicados a las Saturnalia eran festivos y no se podía hacer ninguna clase de trabajos.

Eran unas fiestas muy apreciadas porque se visitaba a los amigos, se intercambiaban regalos y había diversiones de toda clase.

Más tarde, los primeros cristianos comenzaron a celebrar el nacimiento de Cristo, la Navidad, en el solsticio de invierno. ¿Pero qué tiene que ver la Navidad cristiana con el solsticio de invierno y con estas fiestas paganas? Para empezar, tenemos que reconocer que la fecha exacta del nacimiento de Jesús es desconocida. Las Sagradas Escrituras no ayudan a despejar la incógnita. Ninguno de los cuatro evangelios narra la fecha del nacimiento de Jesús.

Lo que parece cierto es que hasta el siglo IV la Navidad no fue una celebración importante en la Iglesia y que es en el siglo V cuando la Iglesia decide oficialmente celebrar el nacimiento de Jesús, la Navidad, el día 25 de diciembre y será el emperador Justiniano quien lo implante como día festivo en el año 529.

Hoy se reconoce de forma casi unánime que la existencia de las fiestas paganas de Horus, Cronos o las saturnales, con su Natalis Solis Invicti, llevaron a la Iglesia a fijar el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre por tres razones fundamentales: La primera, teológica, porque Cristo es identificado con el sol invicto, con la luz que vence a las tinieblas: «En él estaba la  vida, y la vida era la  luz  de los hombres. Y la  luz  resplandece en las  tinieblas, y las tinieblas no la  recibieron»  (Jn 1,4-5).

La segunda, de tipo pastoral y práctica, porque los primeros cristianos seguían celebrando las fiestas paganas, hasta tal punto que San Agustín en sus Sermones suplica a sus contemporáneos que el día 25 de diciembre no reverencien al dios sol, sino a Jesús.

Y la tercera, que parece la más probable, es la que ve en la fiesta del nacimiento de Jesús, en la Navidad, una acción de la iglesia romana para cristianizar las fiestas paganas dedicadas al dios sol.

San Jerónimo, queriendo explicar que el nacimiento de Cristo debe ser celebrado el 25 de diciembre, dice: «Hasta aquel día (25 de diciembre) crecen las tinieblas y desde aquel día disminuye el error y viene la verdad. Hoy nace nuestro sol de justicia».

Así, pues, no es de extrañar que el cristianismo escogiera esta fecha para celebrar el nacimiento del niño Dios, como ya lo habían hecho otras culturas para celebrar la epifanía del astro sol.

Hoy la Navidad cristiana es una de las fiestas más extendidas y celebradas en el solsticio de invierno. En esta celebración se  entremezclan elementos culturales antiguos y creencias paganas vinculadas al mundo celta, a tradiciones de Egipto y de la zona de Mesopotamia, al mundo griego y al romano, todas ellas cristianizadas por la Iglesia y referidas al nacimiento de Jesús, luz del mundo.

Este proceder que se le ha criticado en muchas ocasiones a la Iglesia en realidad es una costumbre muy generalizada. La asimilación de fiestas y cultos cuando dos o más culturas entran en contacto es una constante en la historia de la humanidad. Esto es lo que ocurrió con la asimilación de rituales paganos dedicados al Sol, que los cristianos dedicaron al nacimiento de Cristo.

Aunque existen diferencias fundamentales entre las celebraciones paganas y la Navidad cristiana. La Navidad para los cristianos es algo mistérico, es el encuentro de Dios con el hombre en Jesucristo, que ha entrado en nuestra historia y se ha quedado para siempre con nosotros en los más débiles y necesitados. Feliz Navidad para todos.

El solsticio de invierno y las fiestas natalicias
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