lunes. 15.08.2022

Según Ramiro Pinto, le gustaría que su huelga de hambre suene como El bolero de Ravel, donde la música empieza como un eco lejano hasta que invade in crescendo toda la partitura. Una acción particular que va transformándose en colectiva. Como sabrán, ha renunciado a ingerir alimentos. Es su forma de reclamar que los más necesitados reciban trato justo y humano por parte del Estado, que no sufran a mayores la vejación de sentirse heridos con normativas absurdas cuando no crueles. Éste de hoy será su tercer día en la puerta del ministerio de Trabajo y Seguridad Social. A mí me gusta mucho dicha composición de Ravel, pero aún más la salud de Ramiro Pinto. Pero el dolor de quienes más padecen la crisis no puede ser contado con los sonidos del silencio. No se trata de sufrimientos lejanos, sino próximos. No es lejana abstracción, sino realista proximidad. Como se puede ser revolucionario y a la vez ecuánime, quiso precisar que su crítica no debe ser generalizada a la totalidad de los funcionarios del área. Su huelga de hambre se basa en un activismo pacífico. No reclama nada para él, sino para los demás. Ojalá su bolero blues concluya pronto y con final feliz. Entonces le pediremos unos bises, pero ya alrededor de unas patatas Blas.

También hay quienes confunden la gran música con la mera cantinela. Los leonesistas se oponían al concierto gratuito que la Junta programó ayer en el Auditorio, para conmemorar el primer aniversario del reconocimiento de la Unesco a León como cuna del parlamentarismo. El programa lo integraban composiciones de Mozart y de Beethoven, autores que ni siquiera han veraneado aquí, pero que son tan nuestros como la Catedral, en cuanto son ya de todos. Pedían que el concierto fuese interpretado por una orquesta nuestra y no por la Sinfónica de Castilla y León, que también lo es. Paisanos, la música no tiene patria chica.

El bolero blues de Pinto pertenece a la partitura universal de la condición humana. Puedes discrepar de alguna nota, pero no de la autenticidad humana de su partitura. En cambio, la protesta de la UPL ha sido un desafine. ¿Por qué ponerle puertas a la música? No preguntes por quién suenan los violines, pues suenan por ti. Y para todos nosotros.

Suenan por ti
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