martes. 06.12.2022

El inolvidable Francisco Fernández Ordóñez, ministro que fue con la UCD y con el PSOE, solía decir que, pese a todo el dolor y el inmenso daño que infligía el terrorismo etarra, «el problema no era el País Vasco, el problema era Cataluña».

Paco Ordóñez creía que la ambición de poder de la élite de la burguesía catalanista les llevaría a impulsar una deriva secesionista similar a la de los años treinta del siglo pasado.

El tiempo le ha dado la razón. A él y, lo que son las cosas, a otro político situado al principio de su trayectoria en las antípodas del ministro Ordóñez. Me refiero a Mario Onaindía. Onaindía como miembro de la ETA, en vida del general Franco, fue procesado y condenado en el Juicio de Burgos. Una vez excarcelado, abandonó la banda terrorista denunciando sus crímenes y, previo paso por Euskadiko Eskerra, se integró en el Partido Socialista del País Vasco. Onaindía, que acabó siendo senador, solía decir que el problema que tenía España no era tanto el terrorismo —colegía que más pronto que tarde el Estado democrático ganaría la batalla— como el nacionalismo. La ideología nacionalista. «Los nacionalistas —solía decir— no han renunciado a nada. Todos los demás lo han hecho. Todos han

renunciado a algo sustancial —añadía—: la derecha neofranquista a apoyarse en los militares; los comunistas a la dictadura del proletariado; los socialistas a la república. Todos, han renunciado a algo. Todos —enfatizaba—menos los nacionalistas».

Les conocía bien. Cuando Onandía vivía pensaba en Xavier Arzalluz o en Jordi Pujol. Hoy se llaman Artur Mas o Iñigo Urkullu, pero el problema es el mismo. Exigen a los demás lo que ellos no están dispuestos a dar. Por eso estamos dónde estamos. Si Fernández Ordóñez y Onaindía vivieran comentarían no sé sí con sorna, pero si con un punto de melancolía, la propuesta de una «tercera vía» (reformar las Constitución) para «encajar a Cataluña». Sé lo que dirían: Cambiar la Constitución, no serviría de nada. ¿Por qué? —preguntaríamos ahora—. Sencillamente porque los nacionalistas nunca renuncian a nada y su objetivo no es otro que la independencia. Así que no serviría de nada. Si acaso para dividir a los demócratas. Qué lucidez la suya. Lástima que ya no estén entre nosotros.

Todos menos los nacionalismos
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