viernes 25/9/20

Lo tradicional no quita lo valiente

Ya se anuncia la inmediata apertura del Seminario en su versión final de Museo de arte Religioso. Se habla de septiembre 2020. Mas, la iglesia diocesana leonesa también estará condicionada por el coronavirus, esos microscópicos invasores, incluso transmisibles por el agua bendita, que dada su faceta dañina impidieron realizar las procesiones en la Semana Santa de este año, y para la ocasión veremos…

Hubo, quien lanzó la posibilidad de realizar los desfiles en septiembre. No cuajó la idea. También hubo de ser aplazado el Encuentro Nacional de Cofradías del mismo mes. Así llegamos a una curiosa o estudiada coincidencia: la anunciada apertura septembrina museística, marcando propiedad, espacio y título.

Las cofradías o hermandades penitenciales legionenses, desde muchos años atrás, largas décadas, han venido hablando de la conveniencia de un Museo de Semana Santa, donde mostrar durante todo el año las obras de arte procesional que atesoran.

Recordemos de dónde vienen e intuyamos adónde quieren ir. La expresión religiosa de tan dramático momento de Pasión, en especial de Cristo muerto, dejó los claustros conventuales para salir a las calles, allá por el s. XVI, con más efigies. Lo que eran parihuelas se trocaron en andas, y éstas se empezaron a llevar a hombros a ritmo procesional de corneta hiriente y tambor destemplado, con adecuados y permisibles sones.

De ahí a las cofradías penitenciales o hermandades, un «paso», y nunca mejor dicho. Se marcaron un destino religioso, tradicional y participativo, estatutariamente organizadas, eso sí, quede claro, bajo control eclesial. A algunos de los cortejos procesionales no tardaron en agregarse con autoridad participativa los políticos de cada momento, del lugar, pueblo o ciudad.

A las tres cofradías más antiguas de la capital, las de negro luto, como correspondía, se fueron añadiendo otras, ya con colores en su vestimenta, hasta alcanzar la cifra actual de dieciséis, y casi un arco iris.

Por lo del Museo, si echamos la vista atrás, a mediados del siglo XX, podemos decir que ya se consideraba imprescindible éste para la Semana Santa Leonesa, dado su gran patrimonio en imágenes. Máximo Cayón Waldaliso así lo escribía no sólo para recoger el dato, lo razonaba y avalaba.

Acometerlo no era tarea fácil entonces, ni lo fueron las gestiones cofrades posteriores. Así llegamos a la obra hoy consistente en adaptación del Seminario San Froilán de la diócesis leonesa, una vez que tomó el mando y posesión el obispado leonés. Pasados 50 años, se ha dicho en los medios, el seguir, rolar o cambiar cometido estará en sus manos. De tal modo que lo llamado a ser Museo de Semana Santa ha pasado a Museo Diocesano y de Semana Santa. Todo un título de propiedad, con patrimonio iconográfico propio y suficiente para llenarlo, según cuentan, más el añadido tras la Y, que proporcionen las cofradías.

¡Volvemos a un claustro! Ahora tenemos el de un seminario en decadencia de siembra de educandos, infrautilizado, que cubierto con techo de cristal, dejando pasar luz animadora de un espacio, patio, queda preparado para recibir y colocar lo que ahora las Cofradías llaman tronos, y sobre ellos las escenas de la Pasión que procesionan. Restaurado cobra valor sin cambiar el dominio. En el Museo que la autoridad eclesial adaptó mediante subvenciones institucionales y aportaciones propias, según dicen, tras los oportunos trámites, tomarán plaza los «pasos», de forma estática, eso sí, aquéllos que las cofradías propietarias determinen. Un «juego de tronos» y de poderes.

Parece peccata minuta, mas no lo es, que la gran puerta abierta a la calle Mariano D. Berrueta pueda ser insuficiente para el «paso de algunos pasos». Una vez dentro, bien iluminado de día el patio, o si se prefiere el claustro, (no sé si el aire circulante y la irradiación solar estarán bien controlados), se procederá al oportuno intento de emplazamiento de tronos, con sus correspondientes imágenes, casi prestos a procesionar. Veremos si colocados por hilo narrativo, o primando la condición estética distributiva.

¡Aleluya!, ya tenemos espacio museístico. He intentado dejar clara mi apreciación personal sobre el tema. Espero que las cofradías negocien bien sus aportaciones, estatus y quién va a ser el «fraile» «despensero», de otra «nodicia de quesos», léase de pasos, que deje escrito de quiénes son y ¡dónde va a estar la llave!, para escribir el futuro cofrade y del Museo.

Lo tradicional no quita lo valiente
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