sábado. 03.12.2022

Cómo andará el punto de ebullición de la historia provincial para que los leoneses hayamos tenido que rescatar la movilización ante la tragedia de la crisis de 1991 para construir la manifestación del 15 de noviembre como farsa del panorama actual. La arenga para la defensa del futuro de León, secundada este pasado jueves en las calles de la ciudad por más de 15.000 personas, se retrotrae a aquella primavera en la que los mismos sindicatos, CC OO y UGT, llamaron a la huelga general para levantar una provincia que boqueaba por la marginación de las políticas planificadas por las administraciones públicas. El espejo de entonces nos descubre 27 años después con 52.000 habitantes que se fueron por la falta de oportunidades para levantar un proyecto de vida donde les habían nacido sus padres, el mismo retraso interesado de las instituciones para propiciar las infraestructuras que pueden posibilitar el desarrollo económico, la minería enterrada y el campo abandonado a la intemperie del latrocinio de los mercados y los intermediarios por parte de quien tiene la responsabilidad de protegerlo.

El regreso al futuro que nos prometimos entonces amenaza con agravarse para la próxima convocatoria agazapado en las debilidades del movimiento que se parapeta tras las pancartas: la doble cara de los sindicatos, que han vendido el trabajo de los hijos a cuenta de los subsidios de los padres y su tranquilidad liberada; el cinismo traidor de las patronales empresariales y la Cámara de Comercio, que se venden a las propinas de la administración autonómica y su ventanilla única de ayudas para los adeptos; la desvergüenza de los partidos políticos, que se ponen de perfil para evitar que la foto les retrate como responsables, unos por acción y otros por omisión, de las políticas que ha sufrido la provincia; el Gobierno, que nunca incluye a León en los beneficios de sus razones de Estado; y la Junta, que durante los últimos 35 años ha edificado una estrategia de inversiones para desarrollo del triángulo de Valladolid, Palencia y Burgos a costa de convertirnos en una colonia para el disfrute turístico. No habrá nada que hacer si no se cambian las tendencias de todos esos agentes infiltrados en la solución pese a ser causa. Volveremos a salir, quizá dentro de otros 27 años. Si es que queda alguien para entonces.

Tragedia y farsa
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