jueves. 07.07.2022

TRIBUNA | El mundo al revés

Los científicos han descubierto que el consumo de carne fue fundamental, en la dieta de nuestros ancestros, para diferenciarnos del chimpancé y evolucionar a la especie a la pertenecemos
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Vacas pastando en Babia. JESÚS F. SALVADORES

José Antonio Izquierdo Primo

En el pasado mes de agosto, se publicó en todo el mundo, el informe que un nutrido número de expertos, ¿en nutrición?, ¿en meteorología?, ¿en qué?, han presentado en la ONU. La pregunta de la que me gustaría conocer la respuesta es: ¿Quién ha financiado este informe y cuales son los fines que se buscan? Y sobre todo por qué se refiere a lo malísimos que son los alimentos de origen animal, y de paso se ataca a los agricultores y ganaderos. Al parecer, no saben que a los dioses de todas las religiones y sobre todo a los humanos, les resulta, por el aroma que desprende, muy apetitosa la carne a la brasa, frente al aroma de las verduras a la brasa. Por eso, a los dioses se les ofrecen sacrificios animales. Las ofertas de corderos a la brasa, de Abel a Yawé, eran mucho más agradables, que las de Caín. 


Tampoco saben que los científicos han descubierto que el consumo de carne fue fundamental, en la dieta de nuestros ancestros, para diferenciarnos del chimpancé y evolucionar a la especie a la pertenecemos y que los alimentos más completos, son la leche de los rumiantes, (vacas, cabras, ovejas, etc), y los huevos de (gallinas, faisanes, perdices, etc), por tener todos los aminoácidos esenciales, necesarios, para los animales monogástricos, los expertos entre ellos, y que el jamón y la cecina, además de ser exquisitos, como la carne a la brasa, aportan hierro, mineral imprescindible, por ser este metal, el núcleo de la molécula de la hemoglobina de la sangre; además el consumo de carne y derivados es un índice del bienestar de los países desarrollados, frente a los del tercer mundo, donde la carne es un lujo, sólo accesible a las clases gobernantes.


 Ojalá la carne, los huevos y la leche, así como los derivados : morcillas, jamón, cecina chorizo, salchichón, lomo embuchado, queso, yogures, y demás productos animales, que me hacen salivar con sólo escribirlos, estuvieran, en Cuba, Venezuela, Corea del norte, etc., no sólo al alcance de los dictadores y sus esbirros, estuvieran también, en la dieta de toda la población. 


 No por casualidad los productos cárnicos los producen los animales; el hombre que es más inteligente, (algunos parece ser que no), que los cerdos, las gallinas y las vacas, los ha domesticado y consigue más proteínas animales, que cazando gacelas o robándoles la caza a leones, leopardos, lobos o chacales. De no ser por los animales domésticos los pocos humanos que vivieran hoy, los expertos no vivirían, andarían en taparrabos, como lo están algunas tribus perdidas en la selva.


 En el punto de mira de la acusación están los agricultores y ganaderos, ya que según ese grupo de sabios, supongo que pagados por algún grupo de presión, a nivel internacional, son los máximos responsables del calentamiento global, también conocido como cambio climático, del que el Sr. Albert Arnold «Al» Gore, Jr. político, abogado y ¿filántropo? estadounidense, vicepresidente de los Estados Unidos bajo el mandato del presidente Bill Clinton, ha sido un gran propagandista en la supuesta lucha contra esta enfermedad mortal del planeta Tierra.


Según los datos históricos conocidos, la gran isla conocida como Groenlandia, palabra que significa «Tierra verde», estuvo poblada por, al menos un grupo de vikingos», desde que desembarcó en ella, a finales del siglo X, Erik el Rojo, que no era ni rojo, ni había nacido en Cataluña, simplemente era pelirrojo y noruego. 


 En el siglo X, una buena parte de la isla, era una gran pradera verde, por eso se la denomino Groenlandia; permaneció poblada hasta la Pequeña Edad de Hielo, que fue un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX y puso fin a una era extraordinariamente calurosa llamada óptimo climático medieval. 


 Se puede comprobar que actualmente, todavía estamos muy alejados de ese óptimo medieval, por otra parte, sin tener en cuenta que la situación actual está lejos de ese «óptimo climático medieval», vamos a comparar los gases de efecto invernadero que emiten las prácticas agrícolas y ganaderas, con otras actividades no asociadas a la agricultura y la ganadería. 


 1º) Una Ha cultivada de maíz en el Páramo Leones, supera una producción de 30.000 Kg de extracto seco, del cual unos 28.000 son de unos compuestos químicos conocidos como hidratos de carbono, pero desde el punto de vista de su composición extraen, de la atmósfera, más de 27.000 Kg de anhídrido carbónico por Ha.; multiplicado por las miles de Has de maíz que se cultivan nos da unas cifras astronómicas de los Kg de aire, (un metro cúbico pesa 1 Kg), que se purifican; en secano el cultivo del cereal extrae unos 6.000 Kr por Ha de anhídrido carbónico, en cualquier caso bastante más que los terrenos sin cultivar, incluidos los montes de encinas y matorral; que es en lo que quieren trasformar los ecologistas, las tierras de cultivo; aún así, los montes reciclan muchísimo más anhídrido carbónico, que lo hacen los parques y jardines de las ciudades, que es la única aportación de los urbanitas a la purificación del aire. 


 2º) A los animales domésticos se les acusa de que sus deyecciones desprenden metano, pero esa pequeña cantidad de contaminante es mucho más que compensada con su aportación de estiércol al suelo, aumentando su fertilidad y una buena solución para evitar el metano es incorporar cuanto antes las deyecciones al suelo. 


 3º) Los políticos, sindicalistas, médicos, ingenieros, mecánicos, carpinteros, etc., no aportamos nada al reciclaje del anhídrido carbónico, pero si aportamos polución a la atmósfera, y no digamos los aeropuertos que con el queroseno que consume para abastecer a los aviones que despegan, por ejemplo el de Barajas, contamina más que toda la ganadería de la U.N.E. 


 Si excluimos las energías : radiactiva, hidráulica, fotovoltaica y eólica, todas las demás actividades humanas generan anhídrido carbónico; incluso los vehículos eléctricos contaminan, es evidente que la electricidad, para que estos vehículos no contaminasen, tendría que proceder toda, de energías renovables, pero si miramos una factura de la electricidad, sólo una pequeña cantidad es de este origen.


 ¿Cómo podríamos ayudar al reciclaje de los contaminantes de la atmósfera?, a mí se me ocurre la idea de que con una parte de nuestros impuestos, se financien centros de investigación, para conseguir la forma de producir, industrialmente, por ejemplo, la clorofila, que de forma natural producen las plantas.


 De forma análoga a como se limpia la sangre de las personas a las que no las funcionan los riñones, haciendo pasar la sangre por una máquina especial, otra máquina, por la que se haría pasar el aire , limpiaría la atmósfera,  Supongo que para la mayoría de los contribuyentes, es más importante y más progresista, invertir recursos para conseguir limpiar la atmósfera, que para mantener la inflación de políticos, okupas, perro-flautas, vagos, asesores, hooligans-revolucionarios, etc., etc., etc. 

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