jueves. 08.12.2022
TRIBUNA

TRIBUNA | Sobre el decir y el hacer

La demanda de diálogo vendría a ser algo así como: «yo voy a hacer lo que quiero» y luego «vamos a acordar como lo hacemos»

David Díez Llamas, sociólogo

En mi opinión para entender el actual conflicto en Catalunya hay que tener claro lo que pueden ser los límites del decir y el hacer en un sistema democrático. Esa diferenciación es clave para entender lo que viene ocurriendo en ese territorio. 

En democracia diría que se puede decir «casi todo». Los límites vendrían a ser los que marca el sentido común en todo aquello que directa o indirectamente afecta a la violencia. Es decir, no caben expresiones que alienten el terrorismo o la violencia en sus diferentes expresiones. Incluso diría que la democracia española ha sido bastante laxa en ello. Así se ha permitido, durante bastantes años, que partidos en cuyos mítines subían encapuchados para gritar Gora Eta y quemar una bandera española pudieran presentarse a las elecciones y ser votados por la ciudadanía. En definitiva los límites en «el decir» son muy amplios y desde luego caben (por supuesto) las posiciones independentistas.


Otra cosa son los límites en «el hacer». En cualquier Estado de derecho los límites en ese hacer los marca la ley. No es asumible que cada uno pueda hacer lo que le venga en gana sin considerar el marco legal en el que se está. Desde luego eso es aplicable a todos, pero aún con un mayor nivel de exigencia a la clase política. 


¿Quién marca si aquello que se hace está o no permitido en el marco legal? Pues en cualquier país democrático ese papel le corresponde a los tribunales de justicia. Esto sería tanto para el caso de Catalunya como para cualquier otro. Si unos políticos conscientemente hacen actuaciones que son contrarias al marco legal diría que es normal que puedan esperar algún tipo de sanción. También en ese caso serán los Tribunales los que dictaminen la pena que les pueda corresponder. Cabe recordar que para justificar sus posiciones el Tribunal Supremo ha dedicado 500 páginas. 


Si alguien considera que cada cual puede hacer lo que considere oportuno al margen de la ley, tendrá que tener en cuenta que ello también podría ser válido para las disposiciones que pueda emitir. Sería el ejemplo de Ayuntamientos que se posicionen contrarios a respetar la decisión del alto tribunal. Con ese mismo argumento un ciudadano podría decir que no paga una multa que considera injusta o le lleve a incumplir las disposiciones que ese Ayuntamiento pueda haber emitido en materia de recogida de basuras. No creo que valga decir mi ley es válida pero la tuya no. 


Estamos en un momento en que la demagogia abunda en exceso. El record creo lo puede tener un editorial de Gara que titula «España, proyecto cruel e irrespirable». Oiga, que lo dice un medio que ha alentado el asesinato del discrepante. Que sigue sin condenar a una banda que durante muchos años se ha dedicado a matar a aquellos que siendo vascos asumían su condición de españoles. Pero claro para ese medio «lo cruel e irrespirable» no es que se haya asesinado a muchos concejales del PP o del Partido Socialista, lo «cruel e irrespirable» es lo que dictamina un Tribunal de justicia. Eso es puro fascismo por mucho que se quiera revestir de izquierda radical.


En ese baile de disfraces se viene a decir que la exigencia a Gara de que cumpla con sus obligaciones fiscales es un atentado contra la libertad de expresión. Que Gara es Egin con otro nombre es una evidencia que también los tribunales certifican. Luego, es normal que las deudas que tenía respecto a los pagos a la seguridad social o de otro tipo también los tenga que asumir como tales. Es la misma regla que se aplica para aquellos que compran una vivienda con cargos (hipoteca, comunidad de vecinos) o al Banco Santander cuando compra el Banco Popular por un euro.


En este baile de máscaras también tenemos a aquellos que se visten de campeones del diálogo. Claro esas posiciones contrastan con las agresiones que han sufrido periodistas ejerciendo su función profesional o posicionándose al lado de aquellos que han sido detenidos con explosivos dispuestos a ser utilizados. La demanda de diálogo vendría a ser algo así como: «yo voy a hacer lo que quiero» y luego «vamos a acordar como lo hacemos». O dicho de otro modo se quiere un diálogo sobre «como acordar el alcanzar la independencia de Catalunya». En esas condiciones es normal que ningún presidente de España ni pueda ni quiera entrar en esas conversaciones. Lo ha dicho Pedro Sánchez «primero la ley, luego el diálogo».


Como en este tipo de cuestiones no caben medias tintas, a Unidas Podemos les pediríamos que se aclarasen un poco. Desde la práctica del «buenismo» a veces se les ve con una falta de consistencia. Se dejan llevar por esa supuesta izquierda que dice que «los territorios pobres» lo son por vagos y que se solidarizan con aquellos que quieren parcelar la riqueza. Son muchas las veces que hemos escuchado estas referencias respecto a Extremadura o Andalucía. Igual tienen que explicar cómo ello es compatible con «ser de izquierdas».


La democracia se basa en el imperio de la ley. Si a alguien no le gusta esa ley debe buscar mecanismos para cambiarla. Lo que no cabe es que cada uno «haga de su capa un sayo» y pensar que además eso le salga gratis.

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