domingo. 27.11.2022

Sin necesidad de volver la vista atrás en el tiempo cuatro décadas, cuando Televisión Española era la mejor del país por obligación (no existía en el mercado más que ella) y que, como consecuencia, se alcanzaban audiencias de más de veinte millones de espectadores, lo que estamos viendo ahora mismo es para que a más de uno se le caiga la cara de vergüenza. Cosa de imposible situación, debido a la catadura profesional y, en algunos casos, personal, de nuestros políticos.

No hace tanto tiempo, los informativos de la primera cadena de TVE, eran indiscutibles ganadores en ese mercado casi absurdo de la audiencia. Pero eran, sin duda ninguna, quienes más televidentes reunían enfrente de su canal. Sus noticias, eran veraces, contrastadas y estudiadas y presentadas al espectador de forma envidiable y profesional.

La cosa ha cambiado dramáticamente. Desde la llegada de la responsable de la cadena, que desconozco si es presidenta, directora general, administrativa o alguien que sencillamente pasaba por ahí, toda ella, la televisión, no la responsable, es una cosa que puede responder perfectamente a esa frase tan descriptiva cuando queremos definir en que situación está algo cuando la situación de ese algo es desastrosa. Y ello es, «manga por hombro».

Es una definición perfectamente comprensible y seguro que más de una vez empleada cuando de definir se trata a nuestra televisión. Me refiero, ya lo han adivinado, a la televisión bandera de España. Lo equivalente a la BBC de los ingleses, pero en versión española que deja mucho que desear. O como suelen decir las mentes creativas andaluzas; «e igual por no e lo mismo».

¿Por qué esta situación y esta aceptación de la situación que vivimos? Sencilla y llanamente porque todo se politiza, nos sólo televisión, también otras muchas empresas, también otras muchas personas, también otros muchos puestos de trabajo.

 No hace tanto tiempo, los informativos de la primera cadena de TVE, eran indiscutibles ganadores en audiencias

¿Y eso qué quiere decir? Pues que la libertad brilla por su ausencia en esos supuestos puestos de trabajo y hay que luchar desesperadamente para mantenerse fiel a nuestras propias ideas y hay que resistir como guerreros de la edad media ante la avalancha de corrupciones y proposiciones indecentes para lograr un objetivo predeterminado que debe ser acorde y de la misma ideología que el partido al que pertenecen esas gentes.

Eso es lo que ocurre. Bien es cierto que, ante la inoperancia de los críticos de esa situación, apenas cuatro líneas en algunos medios de comunicación, la gente involucrada como directivo en televisión, sigue como Johny Walker, tan campante.

Un puesto que se nos vendió como temporal, como provisional, como un momento que ahora cambiamos, se ha enquistado de tal manera que actualmente la responsable, lleva más tiempo en el puesta que cualquiera de sus antecesores, lo cual tiene tela. Pero eso no es por casualidad. Al poder, al Gobierno, no le interesa, por hora, cambiar y deja que todo vaya fluyendo y ‘si dicen que dizan, mientras que no hazan’ …

Y así va transcurriendo el tiempo que debe acercarnos a las posibles elecciones que vayan llegando. ¿Es o no es importante para las elecciones una maquinaria creadora de opinión como es la televisión nacional?

Esa es la respuesta de por qué, la presidenta, la director general, la administrativa o simplemente alguien que pasaba por ahí, no conviene que abandone su puesto. Su labor es vital para «orientar» el voto de posibles elecciones.

Una vez más convendría que mirásemos alrededor, a los de fuera, e intentáramos hacer las cosas como ellos. Tienen más experiencia y menos gusto por la corrupción y eso, se quiera o no ayuda muchísimo.

Y al final quien de verdad se beneficia de un comportamiento político así, es el país, la nación y eso, es lo realmente importante.

Y un apunte personal; hemos conocido las fotos del Gobierno en sus jornadas de reflexión en Quintos de Mora.

¿Quien es el estilista de los ministros y ministras, incluyendo al presidente? Que le den un Goya, hombre. O como un mercadillo, pero mucho peor.

TVE, caos total
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