martes 11/8/20
AL DÍA

La UE y los Museos Capitolinos

LA PASADA semana me encontraba de visita en Roma. Justo cuando la ciudad celebraba con fastos el cincuenta aniversario del Tratado origen de la actual Unión Europea. Visité, una vez más, los Museos Capitolinos situados en la colina más simbólica de la ciudad. En ella se edificó en el siglo VI a.C. el templo a Júpiter, principal deidad romana. Mil años más tarde, Miguel Angel proyecta, por encargo papal, su elegante, majestuosa y armónica Plaza. En sus museos, albergados en dos palacios adyacentes, el visitante puede conmoverse con los más preciados vestigios de la Roma Antigua y asombrarse del acierto con que se han realizado las reformas que permiten apreciar, en plenitud, los tesoros allí conservados. Una de sus estancias, decorada con frescos representativos de la Roma primitiva, acaba de dedicarse a la conmemoración de los principales momentos de la Historia de la unificación europea. Es la misma sala que en 1957 se eligió como sede para la solemne firma del Tratado de Roma. En ella, bajo la colosal estatua del Papa Inocencio X se situó, otra vez, la mesa en la que se firma el proyecto non nato de Constitución Europea. La sala se ubica entre la recién inaugurada esedra que acoge la estatua de Marco Aurelio -emperador romano exponente del pensamiento estoico griego- y la galería en la que se encuentra la Loba etrusca, que constituye la representación legendaria de la fundación de la civitas. Así, el simbolismo griego, romano y cristiano está presentísimo en estos museos que encarnan, como ninguno, los tres grandes pilares sobre los que se ha construido la civilización occidental. Nuestra común realidad política no puede consolidarse olvidando su historia. Por ello y desde un profundo europeísmo deseo que, en un futuro próximo, prospere un nuevo intento lograr una Europa mas fuerte y que, de nuevo, estos Museos vuelvan a ser el escenario natural de su acuerdo.

La UE y los Museos Capitolinos
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