sábado 28/5/22

Estamos atravesando unos momentos difíciles, especialmente en el conjunto de Europa, donde el nivel democrático alcanzado está siendo atacado para desestabilizarlo. Los ciudadanos europeos no hemos de renunciar, por nada del mundo, a esa conciencia de unidad e integración que tanto trabajo está costando mantenerla en la propia Europa. Es el camino que debemos recorrer, junto con el resto de la humanidad, si no queremos retroceder a los tiempos de barbarie y desolación. Esta idea ha estado presente en los grandes científicos del s. XX, como Einstein, Schrödinger, Pauli, Teilhard, Bohm, Bohr, Capra, etc., que han defendido siempre, de una u otra manera, la idea de la unidad del universo.

«No avanzaremos más que unificándonos: tal es la ley de la Vida», dice el paleontólogo y filósofo francés, Teilhard de Chardin. Esta necesidad de la unificación, la integración, la socialización, es constante en toda su obra. Teilhard tiene una fe profunda en la Vida, en la ciencia y en el futuro del hombre. Y en esa misma dirección de la unidad de la raza humana, van las investigaciones sobre el Proyecto Genoma Humano, bajo la dirección del genetista Francis S. Collins, al comprobar que las diferencias genéticas entre los seres humanos —aunque sean de «razas» diferentes— son tan insignificantes que bien puede hablarse de una auténtica fraternidad humana.

En consecuencia, el mundo científico —y sobre todo la física cuántica— está descubriendo que el mundo real es una red hecha de puentes de unión, una gran telaraña cósmica, como afirmaba la antigua sabiduría oriental, que asemejaba el mundo al tejido de una red, donde cada una de las partes están unidas formando un todo. La página web, lo que más popularidad ha dado a Internet, significa precisamente eso: WWW, o World Wide Web = gran telaraña mundial. ¿Se trata de una coincidencia, de una revelación? Ningún invento de la humanidad ha llegado antes de tiempo, todos han sido fruto de una determinada madurez mental de la propia humanidad.

Eso es también internet, una invención donde la unidad y la integración están cada vez más presentes, porque el «todo es de todos» parece cada vez más cercano. Pero internet posee un enorme poder, y como todo poder tiene un peligro, el del abuso y la dominación. El ser humano, a lo largo de su historia, ha confundido los puentes de unión con muros y fronteras de separación, como el Quijote confundía los gigantes con molinos de viento y, por eso, luchaba inútilmente contra ellos.

Hoy, en los inicios de un nuevo milenio y de una nueva era planetaria, la humanidad comienza a tomar conciencia de la necesidad de la unión entre los pueblos, y derribar las fronteras y los muros de separación, en medio de una enorme resistencia de aquellos que aún confunden los gigantes con los molinos de viento. Esa es la batalla que ha de afrontar la humanidad actual, en la que luchan los que aún viven inmersos en una conciencia fragmentada, defendiendo lo que consideran exclusivamente suyo, contra los que van sintiéndose unidos e integrados, en esa gran telaraña mundial, en la que cabemos todos sin necesidad de enfrentamientos.

¿Qué es la verdadera globalización si no la tendencia a la integración y la síntesis de toda la humanidad y de todo el planeta Tierra? Cuando definimos el planeta, hoy, como una aldea global, debido a los sistemas actuales de comunicación y a la globalización, hay que entenderlo como lo entiende la neuróloga Rita Montalcini, como «un espacio abierto, un mundo sin fronteras». Probablemente, de esta idea están naciendo cada vez más organizaciones humanitarias como Médicos sin Fronteras, y asimismo Veterinarios, Ingenieros, Bomberos, Músicos, Policías, Geólogos y Payasos sin Fronteras, o Infancia, Educación, Nutrición sin Fronteras.

La humanidad comienza a comprender también que el ser humano es solo una pequeña parte de una totalidad mayor. Del enfrentamiento general, en la antigüedad, entre tribus, reinos y pueblos, estamos pasando a un mayor conocimiento de los demás, y finalmente sentirnos unidos, porque sabemos que no somos partes independientes y aisladas, sino partes interdependientes e interrelacionadas. La necesidad de la integración y la fraternidad entre todos los pueblos del planeta se está extendiendo, cada vez más, en este tercer milenio. Si la humanidad acierta a desarrollarla y ponerla en práctica, habrá superado una de las etapas más importantes y difíciles de su dilatada evolución, y una de las crisis más profundas en el mundo actual.

De lo contrario, pone en peligro su propia supervivencia, pues solo a través de esa unión entre los pueblos, podemos percibir completamente la intrincada red de la vida. Pero, para conseguirlo es preciso haber superado la conciencia de que estamos separados, iniciar el contacto y el intercambio que permiten conocernos mutuamente, y ver las diferencias, no como una separación, sino como un enriquecimiento.

Y finalmente, por lo que respecta a los partidos políticos y las administraciones públicas, y debido a la enorme repercusión que tienen en la sociedad, lo que más necesitan es saber integrarse unos con otros, en un trabajo comunitario de cooperación, y pensar más en el bien común que en el bien particular.

Unidad e integración en el mundo actual
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