jueves. 09.02.2023

El rincón | manuel alcántara

Las campanadas de la última noche del año vienen a ser para algunos como el gong del último asalto de los combates de boxeo: si uno de los dos no ha perdido por K.O. llega la hora del balance. Las valoraciones son todas discutibles, especialmente cuando las hacen los que valen muy poquito, aunque cobren mucho. La gente normal, que excluye a muchos retrasados morales que decidieron dedicarse a la política para hacernos felices por orden alfabético, se siente cada día más desdichada. En vista de eso, el presidente del Congreso ha pedido una ley electoral que quite poder a los partidos, habida cuenta y sobre todo riesgo, de los ciudadanos, que valora muy mal al gremio. Nadie puede negarle al señor Bono sus condiciones de equilibrista. Por si alguna vez se cae del trapecio, ha tenido la precaución de reforzarse el cuero cabelludo, para que más blanda sea la caída. Como un inalcanzable modelo Tayllerand, es él «un humilde servidor de los acontecimientos» y jamás los defrauda, pase lo que pase. Eso de disminuir el poder de los partidos puede tener muchos partidarios, sobre todo si no se reclutan entre los afiliados. Quizá se encuentre con la dificultad de que ahora la profesión no la delata el carné, sino el carné es el que garantiza la profesión.

Intentó en vano Eduardo Haro Tecglen explicarme que los ciudadanos con afinidad entre sí se han agrupado siempre. Yo creo que jamás les han dejado agruparse, salvo en el caso de que no supusieran un peligro real para el poder constituido, pero esa triste tesis me llevaría más tiempo y sobre todo más ganas para desarrollarla. A lo que iba: atravesamos una época de valoraciones y quienes se encargan de tasar tienen criterios muy peculiares. Con decirle a ustedes que los señores Cándido Méndez y Toxo han ascendido.

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