sábado. 13.08.2022

Carta abierta y en línea directa al presidente de la Junta de Castilla y León, al presidente de la Diputación de León y a la presidenta del Consejo Comarcal del Bierzo y… a quien quiera leer estas mis amargas quejas sobre el oscuro y negro porvenir de nuestro Bierzo…

Antes de nada, quiero decir que esta carta me está “quemando” en el pecho desde hace más de diez años; ¿por qué no me manifesté antes?, pues fue porque no creía que mis apreciaciones y posibles soluciones sobre este escabroso tema fuesen interesantes o lo suficientemente importantes para que se tuviesen en cuenta… También porque creía que los técnicos, los funcionarios y en última instancia la administración buscaría esa posible solución… Los años pasan, uno, dos, cuatro, seis, ocho, nueve, diez… Los incendios y el deterioro de nuestro hábitat sigue creciendo día a día, casi hora a hora; es lamentable, pero es así; ¡no hay vuelta de hoja! Sé que desde vuestros respectivos puestos estáis preocupados, sé que os muerde tanto como a mí esa sangría de árboles y de vegetación que se sucede un día sí y otro también…

Sé, en fin, que estáis buscando soluciones. ¡Eso seguro! Pero tenéis que reconocer conmigo que de momento esas soluciones no funcionan, es por ello por lo que en este preciso momento en que hubo en esta última semana más de cincuenta incendios, con toda humildad os hago llegar mis reflexiones sobre el tema sin más connotaciones que el deseo de aportar mi grano de arena para el bien de esta nuestra región.

Se están reforestando cada año muchísimas hectáreas en El Bierzo. Se contratan a diversas empresas las replantaciones; vienen grandes máquinas y en unos pocos días se hace el trabajo. A continuación, otro monte comunal, otro y otro… ¡Lo importante es decir que se repoblaron este año tantas hectáreas, y cuanto más número de ellas mejor! Con buena fe todo el mundo cree que este es el camino…. Bueno… pues yo os digo que así no se consigue nada más que el rechazo del vecindario, ya que de las grandes cantidades de dinero gastado no se queda ni una peseta en el pueblo… Los hombres parados siguen parados… Y los que aún tienen algún ganado vacuno o rebaño de ovejas o cabras ven como se les jode sus lugares de pastoreo… Pasan dos, tres años, y como por ese monte que se replantó no se vuelve más; crece el matorral alrededor  de las jóvenes plantas y sucede lo que inevitablemente sucede, que arde, sí, arde, y por supuesto, que nadie lo quema… pero el monte del pueblo arde… ¿?

«Hagan las replantaciones con mano de obra de cada pueblo, en vez de tantas hectáreas al año; hagan solamente la mitad, o un tercio, o una cuanta parte; y una vez hecho, cuiden, limpien y desbrocen el matorral que sale alrededor de los árboles»

La administración busca la solución para atajar el mal, adecua medios, invierte en maquinaria contra incendios, moviliza a sus técnicos, contrata personal para hacer de bomberos, en fin… pone toda la carne en el asador. ¡Nunca mejor dicho!… Se apaga un incendio aquí, surge otro allí, otro, otro, se apagan estos, surge otro en el otro extremo… ¡Uf! ¡No puede ser!… ¡No hay manera! Surgen voces exigiendo «más personal, más camiones cisterna, más helicópteros, más dinero, más, más, más de todo. Amigos: este no es el camino.

Mi primera reflexión sobre el tema.

Hagan las replantaciones con mano de obra de cada pueblo, en vez de tantas hectáreas al año; hagan solamente la mitad, o un tercio, o una cuanta parte; una vez hecho, cuiden, limpien y desbrocen el matorral que sale alrededor de los árboles, también con personal parado de los mismos pueblos; al año siguiente lo mismo, y en tres o cuatro años tienen plantadas el número de hectáreas que ahora hacen en un año, con la diferencia abismal que no van a arder porque no hay broza para ello y porque los vecinos se cuidarán de tener tajo para seguir viviendo.... Pero lo más importante es, que al contar con ellos para todos los trabajos, esa repoblación ya la sienten como suya y la cuidarán, porque es su comida de ahora y saben que será su riqueza para el futuro... Si en vez de este trabajo se les da el de bombero o apagadores del fuego, no cabe duda de que esto es una equivocación total. Hay siempre que prever la enfermedad antes de que el mal ya sea irremediable..., y el incendio, una vez que ya está en marcha no hay remedio... Después habrá otro, y otro, y otro...

Mi segunda reflexión

No puedo entender cómo aún ahora se están replantado pinos en El Bierzo. Eso es demencial, así de claro y así de sencillo, hacerlo así es no conocer esta región; plantemos castaños, cerezos, robles, encinas, fresnos, hayas, servales, madroños, acebos..., ¡qué tardan más en ser productivos!... no se preocupen... Las cosas buenas siempre tardan más en dar la cara, pero al final producen más, por su calidad, aparte de que enriquecen el suelo, y, sobre todo, embellecen esta tierra que lo único que necesita es tener con ella un mínimo de atención...

No se puede hacer rasero común y comparar un terreno árido y seco de Soria (con todos mis respetos) con el terreno y el clima del Bierzo, ¡la verdad es que no lo entiendo...!

Mi tercera reflexión

Con el dinero que se llevan los dueños de esas grandes máquinas (que no dudo que se lo merezcan), se pueden crear puestos de trabajo (de momento temporales, más adelante, ya se verá), quitan del paro a gente que se estaba aburriendo y creándose mala hostia, y así se ayuda a que los pueblos sigan vivos y con ilusión. ¡De poco vale ponerles todos los servicios, agua, luz, desagües, calles, si lo más importante, que es el trabajo, no lo tienen!...

Parece una tontería... pero yo les aseguro que nunca invertirán mejor el dinero que involucrando a los propios vecinos y a las juntas vecinales, por supuesto, que se tarda un poco más en ver los resultados pero ese creo que debe de ser el reto, que lo que se haga, perdure a través del tiempo... Gastar ese dinero en crear una gran estructura para apagar los fuegos es lo último que se debe de hacer. Hay que gastarlo, sí, en tener el monte limpio para que los incendios no surjan...

Mi cuarta reflexión

Afirmo que si en El Bierzo se hubiese respetado la masa forestal autóctona... Bueno, afirmo más: si los bercianos no quemaran sistemáticamente año tras año todas las plantaciones de pinos que el Estado hizo desde el año 1945, los pinos, aunque no me gusten, hubiesen producido más riqueza que la que generó el carbón en todos estos años, y ¡claro! tendríamos árboles... aunque fuesen pinos. ¡Ah! y otra cosa: hoy esa riqueza seguiría estando aquí, al alcance de todos, y no estaríamos ahora suplicando, implorando, mendigando ayudas a Bruselas, o a Madrid o a Valladolid, y lo que es peor, viendo, soportando y sufriendo el descalabro tan enorme de las minas a cielo abierto, o ahora, en la actualidad, el descalabro de las canteras de piedra, o viendo los ríos discurrir por nuestros pueblos pidiendo socorro ante los brutales atentados a que son sometidos en aras a la creación de empleo y en aras a la creación de una riqueza mal entendida.

Tienen que perdonarme estas consideraciones, lo hago desde la más absoluta buena fe, con el ánimo de aportar el resultado de mis observaciones a lo largo de todos estos años, de sufrir lo poco y lo mucho viendo cómo se extingue inexorablemente la vegetación que era emblemática y que ahora ya casi tenemos que hablar de ella a través del recuerdo... Y yo como cacabelense, como berciano y como leonés no quiero consentirlo. ¡Ah! Y menos como padre...; quiero que mis hijos y mis nietos se sientan orgullosos de su padre y no me miren con ira y con desprecio por dejar perder lo que es patrimonio de todos, de nosotros y de ellos... Punto...».

Mi verdad sobre el fuego
Comentarios