jueves 27/1/22

Todos tenemos un carnet de identidad, al que tradicionalmente se le ha dado el nombre de documento nacional de identidad, cuya sigla es DNI.

Dicho documento tiene un número y es personal. Es el que debemos aportar en contratos, documentos y cuyo ámbito es nacional, aunque ahora se utiliza en toda Europa.

Como sabemos tiene nuestra fotografía, nombre y apellidos, fecha y lugar de nacimiento, domicilio y nombre de nuestros padres. También muestra el estado y la profesión. Es evidente que contempla nuestra persona, lo que fuera nos define. No muestra nada sobre nuestra parte profunda, lo que no se ve con los ojos físicos.

En las escrituras del llamado Nuevo Testamento se nos muestra que ya en la época de Jesús se conocía la verdadera identidad, se sabía de su existencia, como cuando preguntaron a Juan, el Bautista: ¿Tú quién eres?

A lo que Juan respondió: «Yo soy la voz del clama en el desierto» «¡Preparad los caminos!».

Jesús también preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que soy yo?».

A lo que respondieron: unos dicen que el Mesías, otros que Elías o cualquiera de los profetas.

Jesús volvió a preguntar:

«Y vosotros quién decís que soy yo?».

Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Cristo, el hijo de Dios vivo»

A lo que Jesús respondió: ¡Bendito seas Pedro! porque esto no te lo reveló ni la carne ni la sangre sino mi Padre celestial!

Estos diálogos nos transmiten las siguientes enseñanzas sobre la identidad:

1º. Juan, el bautista, está claro que descolocó a sus contemporáneos. Predica, bautiza, anuncia… La identidad que buscaban los interrogadores, era la que no se ve, pero es el motor de lo que se ve. La misión se realiza a la vista de todo el mundo.

«Yo soy la voz del que clama en el desierto. ¡Preparad los caminos!».

2º. En las respuestas de los discípulos a Jesús, deducimos su creencia en la reencarnación ya que le contestan con personajes conocidos como Elías o alguno de los profetas de otro momento.

En la respuesta de Pedro, que Jesús avala, muestra clarísimamente, su auténtica identidad.

Además, a través de sus enseñanzas a los discípulos expresó:

«Yo soy la puerta».

«Yo soy el buen pastor».

«Yo soy la luz del mundo».

«Yo soy el camino, la verdad y la vida».

«Yo soy la vid verdadera».

En esta última está nuestra identidad.

Dijo: «Yo soy la vid verdadera y vosotros los sarmientos». ¡ Somos los sarmientos! Los sarmientos que permanecen unidos a la vid verdadera dan buenos frutos. Conciencia de sarmiento. Conciencia de unidad.

Siento profunda gratitud por esa enseñanza que Jesús nos legó desde entonces, junto a todo lo demás de su siembra.

Creo que es buen momento para tomar conciencia de nuestra identidad y de que ningún pase ni ningún documento puede sustituirla.

La verdadera identidad
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