jueves 22/4/21

El viaje del Papa a Irak: dificultades vencidas y objetivos cumplidos

Está claro que al papa Francisco le gusta viajar y es también una realidad que la mayoría de sus viajes han sido un éxito para la Iglesia y para la humanidad en general. Recordemos que desde el primer viaje que hizo a Río de Janeiro (Brasil) en julio de 2013 con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, hasta el último recientemente realizado a Irak, del 5 al 8 de marzo de 2021, han sido más de 30 viajes internacionales y 28 por el interior de Italia los que ha realizado durante su papado. Todos ellos se puede decir que han obtenido el beneplácito de la opinión pública. Pero este viaje a Irak era obvio que sería uno de los más arriesgados, dadas las circunstancias de la pandemia del coronavirus y la inestabilidad que afecta al país y a toda la región del Medio Oriente. Durante los días de la preparación del viaje fueron muchos los que desde dentro y fuera del Vaticano  advirtieron al Papa que la visita a Irak en este momento no era oportuna.  Temían por su seguridad ante posibles atentados y por la posibilidad de que su visita produjese aglomeraciones en los distintos actos programados y se convirtiese en un foco de contaminación del coronavirus. Pero el Papa estaba totalmente decidido a realizar este viaje, tal como lo expresó unos días antes de salir para Irak en su discurso semanal de los miércoles ante los fieles reunidos en Roma: «Si Dios quiere, iré a Irak para una peregrinación de tres días». Y esto lo dijo unas cuantas horas después de una nueva serie de ataques con misiles. «Les pido acompañar con la oración este viaje apostólico para que pueda desarrollarse de la mejor manera posible y dé los frutos esperados. El pueblo iraquí nos espera».

Dentro de Irak, no solo entre los cristianos sino también en todo el pueblo iraquí, parece que había una opinión favorable a la visita papal, aunque las intenciones eran distintas. El gobierno quería demostrar que, al acoger a un líder mundial de tal renombre, Irak era un país totalmente seguro; los cristianos querían que su pastor los acompañara y mostrara al mundo su gran sufrimiento; y los musulmanes lo querían porque ven al papa Francisco como alguien que respeta el Islam y promueve la reconciliación y la paz.

El Papa, dejando de lado la pandemia del coronavirus y las preocupaciones por su seguridad, sopesó los pros y los contras y decidió arriesgarse para lograr los tres objetivos que se había propuesto en este viaje: mostrar solidaridad pastoral con la iglesia perseguida de Irak, pedir paz y reconciliación para el pueblo iraquí y establecer unas mejores relaciones entre cristianos y musulmanes.

Después de 15 días de la visita y haciendo una valoración de la misma, podemos decir que el Papa venció las muchas dificultades que tenía este viaje y ha conseguido, en mayor o menor medida, sus tres objetivos. En primer lugar, la visita del Papa ha dado a conocer al mundo entero el sufrimiento de  los cristianos iraquíes  y ha tratado de darles esperanza. En la catedral católica asiria de Bagdad, donde casi 50 personas murieron en un atentado terrorista en 2010, pidió «perdón, reconciliación y renacimiento» en Irak. «Estamos reunidos en esta Catedral de Nuestra Señora de la Salvación, santificada por la sangre de nuestros hermanos y hermanas que aquí pagaron el precio final de su fidelidad al Señor y a su iglesia», dijo el Papa. «Los cristianos están llamados a dar testimonio del amor de Cristo en todos los tiempos y lugares. Este es el Evangelio que debe ser proclamado y encarnado en este amado país también». El papa Francisco viajó a Irak para confortar al reducido número de cristianos y animarles a permanecer en su país para ayudar a reconstruirlo después de años de guerra y persecución. En Qaraqosh, una ciudad cristiana en las llanuras de Nínive, que fue devastada durante la guerra con el «Estado Islámico», les dijo el Papa: «Ahora es el momento de reconstruir y empezar de nuevo, confiando en la gracia de Dios, que guía los destinos de todos los individuos y pueblos». «Ustedes no están solos! Toda la iglesia está cerca de ustedes, con oraciones y caridad concreta.»

En segundo lugar, para la mayoría de los iraquíes, predominantemente musulmanes, el punto culminante de la visita del Papa fue su reunión de 45 minutos con el gran ayatolá Ali al-Sistani en Najaf, el tercer lugar de peregrinación más sagrado para los musulmanes chiítas, después de La Meca y Medina. Al-Sistani, que es poco dado a las apariciones en público y que casi nunca se reúne con dignatarios extranjeros, es considerado el líder más influyente de los musulmanes chiítas. Al-Sistani, al final de la reunión con el Papa, emitió un comunicado diciendo que los cristianos deben «vivir como todos los iraquíes, en seguridad y paz y con plenos derechos constitucionales». En respuesta, el papa Francisco elogió a al-Sistani «por hablar en defensa de los más vulnerables y perseguidos», y por defender la dignidad de la vida humana. Para el papa Francisco, que ya se ha reunido con destacados líderes musulmanes sunitas, como el jeque Ahmed el-Tayeb, el gran imán de Al-Azhar en Egipto, con quien en 2019 firmó un documento sobre la fraternidad humana, llegar a establecer relaciones fraternas con ambas comunidades musulmanas ha sido una de sus prioridades.

Finalmente y como tercer objetivo, recordó el Papa a los iraquíes: «La diversidad religiosa, cultural y étnica que ha sido un sello distintivo de la sociedad iraquí durante milenios es un recurso precioso sobre el que dibujar, no un obstáculo para ser eliminado». «Irak está llamado hoy a mostrar a todos, especialmente en Oriente Medio, que la diversidad, en lugar de ser causa de conflictos, debería conducir a una cooperación armoniosa en la vida de la sociedad».

Habrá que esperar más tiempo para ver si la visita del Papa detiene el éxodo de los cristianos iraquíes y alienta a los refugiados a regresar, para constatar si la religión, en lugar de ser parte del problema, puede convertirse en parte de la solución en El Medio Oriente y para ver si las relaciones entre cristianos y musulmanes vuelven a ser fraternales, como lo fueron en tiempos de Saddam Hussein, antes de la invasión de Estados Unidos en 2003. Lo cierto es que la comunidad entera de Irak acogió la visita del Papa con gran entusiasmo y mucha esperanza.

El viaje del Papa a Irak: dificultades vencidas y objetivos cumplidos
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