domingo 20/6/21
TRIBUNA | manuel rodríguez díez

Viva la montaña, viva

SIN METERME en averiguaciones sobre si la popular canción que lleva el título de arriba es cántabra, asturiana o leonesa, dado que en las tres provincias es sumamente popular, sí quiero comentar las versiones leonesa y asturiana de este cuasi himno de la montaña.

Las estrofas de la versión leonesa son una hermosa loa tanto a la montaña como a las montañesas y montañeses: Viva la montaña, viva; viva el pueblo montañés, que, si la montaña muere, España perdida es. La montaña es un jardín, las montañesas las flores; el que quiera ser feliz busque en la montaña amores. De la montaña he venido, a la montaña yo vuelvo, porque sólo en la montaña se cría todo lo bueno. Hasta aquí, de primera. Lo malo es que, tanto en las interpretaciones populares como en las de más de una coral, sin darse cuenta de la inconsecuencia de lo que dicen, muy a menudo estropean todo al entonar el estribillo: Si pasas el río, no bebas el agua, que la envenenaron los de la montaña. Si la montaña y los montañeses son tan majos como dicen las estrofas, ¿por qué de repente los convierten en envenenadores? ¡Ni hablar! Los montañeses no han envenenado los ríos más que para pescar furtivamente alguna que otra trucha cuando las había en abundancia; nunca para envenenar a la gente, aunque fuesen los musulmanes, como nos quieren hacer creer algunos para explicar la sinrazón del disparate incorporado al estribillo que nos ocupa y que debía ser siempre éste: Si pasas el río, no bebas el agua, que los mis amores son de la montaña. La verdad sea dicha, esto aún sigue sin tener mucho sentido, pues la relación entre el consejo de no beber el agua y el hecho de que los amores sean para las flores montañesas no guarda mucha lógica; pero, al menos, no es ofensivo para los montañeses, entre los que me cuento.

Llamando la atención una vez al director de una coral se me dio como respuesta que, si la vox populi decía que los montañeses eran envenenadores, pues habría que dejarlo así. Esto me recordó algunos disparates que la gente ( vox populi ) ha cantado o recitado y que, según mi amigo el director, no deberían corregirse. Hace no tantos años, era muy popular León, durante la cuaresma, un viacrucis en que, tras cada estación, se entonaba este estribillo: Madre afligida, de pena hondo mar; logradme la gracia de nunca pecar. Bueno, esto es lo que se debía haber cantado; lo que en realidad cantaba mucha gente era: Madre afligida, de pena ando mal; logradme la gracia de nunca pecar. Y se quedaban tan tranquilos. Por la misma época, se rezaban las letanías del rosario en latín, especie de lingua franca en las iglesias españolas. La advocación mariana Foederís arca (arca de la alianza) se convertía enfrailes al arca, y Stella matutina (estrella de la mañana) pasaba a ser es tela p-™a cortinas . Y la frase da nobis hodie (danos hoy) del padrenuestro salía de más de un devoto labio como doña Bisodia. Finalmente, a alguien conocí yo que, cuando en la escuela se rezaba el ángelus, respondiendo los alumnos al maestro canturreando las respuestas, la frase habitó entre nosotros , aprendida por mi viejo amigo de oídas, se convirtió en sus infantiles labios en a Vicente nosotros quedando el que esto decía más que intrigado porque no lograba entender qué pintaba el tal Vicente en tan angélica oración. O sea, que no; que porque la gente se haya empeñado por mucho tiempo en decir que los montañeses envenenaban el agua de nuestros cristalinos ríos, no hay razón para seguir haciéndolo. Que los montañeses preferimos, con mucho, que nuestros amores sean de las montañas y de las montañesas .

Claro que lo aquí dicho aventaja con mucho a la versión más popular de esta misma canción en nuestra vecina Asturias, donde es conocida como Chalaneru. Chalanera, chalanera ¿qué llevas en la chalana? Llevo rosas y claveles y el corazón de una xana. Siendo las xanas unas hermosas ninfas astures que, como tales, habitan en ríos y fuentes, saliendo de vez en cuando de ellos para, entre otras cosas, enamorar a algún zagal, el chalaneru de la canción ha mordido el anzuelo de la xana y lleva en su chalana el corazón de una de ellas. Ahora bien, la cosa se complica cuando los que entonan la canción no saben que una chalana es, simple y únicamente, una barca de fondo plano para moverse en ríos de aguas poco profundas. O sea que el chaleneru no es más que un vulgar barquero. Esto dicho, resulta asombroso escuchar el estribillo de la canción como lo canta mucha gente y como se oye en recientes grabaciones de grupos asturianos: Si pasas el puente, no caigas al agua; que los mis amores son de la chalana. Cierto que el chalaneru puede cruzar el río usando el puente, pero lo más normal es que lo haga en su chalana; y como en la chalana lleva el corazón de una xana, los amores serán de ésta, no de la chalana que, o mucho me equivoco o no es muy propensa a reciprocar. En cambio, si se canta: Si pasas el río (o el puente, si se prefiere), no caigas al agua; que los mis amores van en la chalana , la cosa ya tiene más sentido. Por si había alguna duda sobre la equivocación relacionada con lo que es una chalana, una de las estrofas dice: Son la de la chalana, son (los amores), son del pueblo chalaneru; que, si la chalana muere, morirá el lugar entero. Uno podrá enamorarse de una chalana, que ya es decir. Y una chalana podrá quemarse si está fuera del río y hundirse si se encuentra en él, pero lo que es morir, morirse...

O sea, que la hermosa canción de la montaña, sea en su versión leonesa o en la asturiana, parece abocada a interpretaciones que, al haberse aprendido de oídas y repetido sin prestar atención a lo que dicen las estrofas y el estribillo, ni son lógicas ni loables. En fin, que los nuestros vecinos asturianos hagan de su capa un sayo o de su chalana lo que quieran; pero, desde estas líneas y como residente en la inigualable montaña leonesa, pido a todos los que quieran honrarnos con nuestro «himno» montañés, y a cualquiera que cante la canción, montañeses incluidos, que dejen a un lado lo de los envenenamientos porque si yo he nacido en la montaña y morir en ella quiero; porque allí el aire es más puro y se está cerca del cielo , lo único que quiero oír es que «los mis amores son de la montaña» y nada de envenenamientos de nuestros ríos, cosa que dejamos para los planificadores de la línea Lada-Velilla que, no sólo acabarán envenenando nuestras aguas, sino que, además, «envenenarán» igualmente nuestro sin igual entorno con sus estrambóticas mega-torres.

Viva la montaña, viva
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