martes. 31.01.2023

¿Por qué calla Vox ante la salvaje invasión eólica en Castilla y León? En las últimas autonómicas ha recibido el voto de la esperanza: más de 200.000, aumentando en votantes más de los 117.000 que perdió el PSOE. Ha agitado la bandera de defensor del mundo rural, de sus medios de vida, de su demografía, de sus tradiciones y de sus recursos. Así Vox ha alcanzado una poderosa vicepresidencia en la Junta. ¿Cómo es que no combate la catástrofe que implica el allanamiento y el saqueo eólico? ¿Cómo es que Vox no lidera la oposición a este plan siniestro de usurpación del rural y de su degradación y empobrecimiento, que aboca a su despoblación y a la muerte definitiva de los pueblos?

Es sabido que este terrible e indecente Plan Eólico —y solar— es impuesto por nuestro Gobierno central. Desde el Consejo de Ministros, PSOE y Podemos lo urden y lo lanzan con la arrogancia de las dictaduras. La Red Natura, las Zonas de Especial Protección de Aves, los municipios Sipam y todos los ecosistemas mejor conservados del norte y noroeste, que albergan una biodiversidad privilegiada y envidiada por Europa, serán agredidos de forma irreparable. Continuamente, el Ministerio de Transición Ecológica del PSOE publica en el BOE nuevos macro proyectos, nuevas subastas, con total impunidad. Ordenan, mandan, imponen. Desde Podemos, colaboran, callan y ayudan.

Los asientan, sobre todo, en el Cuadrante Noroeste, en lo que llaman con burla «Territorios de Sacrificio». Ninguno va en la Sierra de Madrid: ni los hay ni se proyectan. En Cataluña y en el País Vasco —por tener cogidos al Gobierno por los pantalones— solo va algún molino, a modo testimonial. En CyL y Galicia esgrimen «nuestro potencial», dicen «transición justa», hablan de «hidrógeno verde» y de muchas más sandeces insultantes. Se miente y se engaña. Qué ocurre: ¿Qué la Costa Brava no tiene viento como las Rías Gallegas? ¿Qué el Pirineo o la Sierra de Guadarrama no hay cumbres que destrozar como en La Cabrera o en O Courel?

El PP parece colaborar: además del silencio total ante semejante catástrofe, como gobernante en varias autonomías aparenta satisfacción al gestionar los parques de menos de 50 Mw. Galicia, por su mayoría absoluta, puede servir de muestra. Aunque la Comunidad ya exporta energía —al igual que CyL—, se ve infestada por miríadas de aerogeneradores que asolan la Red Natura, las sierras, los hábitats más puros y los de mayor valor paisajístico. Los megaparques eólicos ya bordean las rías gallegas, arruinan los acantilados de A Costa da Morte y desastran iconos como el Monte Pindo o la Sierra del Barbanza. Y aceptan, o hasta reclaman, otros miles de molinos que lo arrasarán todo: Courel, Ancares, todo el Macizo Oriental, A Groba, O Suído, O Morrazo,… lo que sea, incluso la plataforma marítima próxima. Es un escándalo.

Sucede lo mismo en CyL, que ya exporta energía de origen renovable y soporta espectáculos tremendos como la hiperdensidad de molinos del Padornelo o la profanación con pistas, parques eólicos y torres eléctricas de la joya del Morredero, entre otros innumerables ejemplos. También la Junta parece favorable al allanamiento de su territorio con incontables nuevos macroparques, realizado por grandes compañias eléctricas foráneas, que en nada ayudarán a la economía y al porvenir de sus ciudadanos, sino que lo frustrarán.

Todo aquel que no esté activamente a favor del rural está contra él. La amenaza es inminente y el daño sería irreversible. Aquí y ahora no caben medias tintas ni poner la barba de perfil. Ante el desastre que amenaza, Vox va a ser coherente con su compromiso? ¿Va a combatir desde la Junta y desde su vicepresidencia la actitud depredadora de las grandes eléctricas? ¿Va a consentir en silencio el Plan de PSOE-Podemos que, con la vileza de su «Transición Justa», pretende convertir a CyL en «Territorio de Sacrificio»? ¿Va a ponerse del lado de sus votantes y de su tierra o va a sumarles otra traición más?

Ante su debut en la política ejecutiva, Vox no puede decepcionar. No puede permitírselo. Su primera gran batalla es la Invasión Eólica, que planifica un saqueo sin precedentes y que conlleva la destrucción del paisaje, de sus montañas, del atractivo turístico y de la riqueza de Castilla y León, llevando a sus pueblos a la degradación, a la ausencia de futuro y a la despoblación irreversible. Su silencio ya disgusta y no se comprende. Se espera de Vox que lidere la urgente e indispensable lucha parlamentaria de oposición a las mafias eólicas y a sus cómplices políticos y que la gane.

Si Vox se alinease con el mismo engaño a la población, con los mismos intereses contrarios a ella, con los mismos expolios, con las mismas «Puertas Giratorias» y con las mismas corruptelas de los demás, defraudaría toda la confianza de sus votantes y demostraría ser innecesario.

Vox y los eólicos
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