viernes. 03.02.2023

Se ha escrito multitud de libros sobre la historia del periodismo y todavía se editarán más, sencilla y llanamente porque el periodismo es indestructible e imperecedero. Este viejo ejercicio de la comunicación, devenido en oficio informativo para dar respuestas a la demanda de conocimiento, sobre lo propio y lo ajeno, no puede morir. Ese mundo abastecedor de noticias que busca —también— una relación social bien vertebrada, debe ser conocido, respetado y querido. Los medios, por tanto, deben ser además de informativos, formativos para la opinión pública; no están solamente destinados a la expansión del mensaje, sino a armonizar el camino del mismo, amarrándose sañudamente a los tres supuestos morales de autenticidad, claridad expositiva y, sobre todo, verdad sin adjetivos. Por ello insisto en la afirmación de que el periódico —al igual que la radio y la TV— forma parte de los pulsos de la vida, y acabará cuando muera el último ser sobre la faz de la Tierra. En toda época, cada agrupación humana deja a la cronología de los días una huella de su existencia, y la concreción de su fecha. En la jerga archivera, a esto se le ha denominado hemeroteca. Aunque las épocas aportan mucho más: la historia de los comportamientos de las generaciones, de todas las tribus.

Vivimos días muy complejos en nuestra casa, en España, con problemas… a calderadas. Por abajo achuchan los ácratas, «el caos es lo justo», dicen, y consecuentemente continúan guisando su menú disolvente; y por arriba, sin embridar los caballos desbocados de un monólogo airado, se mercadea por el sillón y se proponen soluciones (¿?); mientras, se exige a las matemáticas la irrealidad de la cuadratura del círculo. La traducción libre sería: sembrar oscuridad para cosechar tiniebla.

Sí, estamos atravesando el campo yermo de horas de incertidumbre y tensión, política y ciudadana, entre españoles… ¿Y de los periodistas, qué?; corro el riesgo de que alguno de los lectores de estas líneas me tache de corporativista, de practicar la acepción de personas; sin embargo creo que los periodistas en general, con las excepciones que marca la ley (que, en efecto, haberlas haylas) están, los informadores, repito, haciendo una positiva tarea en la crónica del hoy hispano. Es decir, procurando a golpe de palabra en razón. que las cañas no se conviertan nunca en lanzas y, finalmente, que las voluntades intervinientes en la cosa pública sean políticas, democráticas y dirigidas a la defensa de los intereses de todos los españoles. El 24 de enero, festividad de san Francisco de Sales, Patrono de los periodistas, es un día apropiado para renovar propósitos Al caos, resultaría conveniente contrarrestarle con la expansión de la Luz irradiada por Jesús de Nazaret con su Mensaje de amor y fraternidad. En tanto que a la obstinación en el encastillamiento de actitudes personalistas, habría que contraponerle la contundencia del sentido común… y el amor a España. Además, esto que antecede podría complementarse con lo que nos sugiere la teoría del nudo gordiano. Y el mirar hacia adelante para no convertirnos en estatuas de sal.

No resisto la tentación de transcribir parte del texto del quinto mandamiento, de Francisco Serrano (Alfa y Omega), extraído de su Decálogo para periodistas: «no matarás la fama, el honor, la honra la buena imagen, la credibilidad, el prestigio de ningún ser humano, por mucho que pienses que se lo haya merecido; ni tampoco tus escritos incitarán a la violencia física, psíquica, intelectual o espiritual». (…)

San Francisco de Sales editó una modesta Hoja que redactaba en su integridad y que distribuía entre sus diocesanos de Ginebra, casa por casa, persona a persona. Aquellas gentes, muchas maculadas por la herejía, comenzaron a retornar al redil de la Iglesia católica y volvieron a la Fe. Puede que simbólicamente nos sirva esta semejanza de la lucha del santo patrono —por Cristo y su Fe—, para ser capaces de otra lucha: evitar que se salgan de madre los ríos de la paz, la longanimidad y el equilibrio social de los españoles. Si pudimos en lo heroico, al correr de nuestra historia, ¿por qué no nos va a ser posible remontar con una idónea política de convivencia? Todo, antes que volver a lamentos como los de Rodrigo Caro dirigidos a Fabio, a la vista de unas ruinas: «Estos que ahora ves, campos de soledad, mustio collado, fueron en otro tiempo Itálica famosa…».

Y de los periodistas, ¿qué?
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