miércoles 30/9/20

EL ESFUERZO SE PRESUPONE

Hoy, nuestro Presidente ha comparecido públicamente para anunciarnos la sexta y última petición al Congreso con el fin de prorrogar el Estado de Alarma quince días más. Sin entrar a valorar otras cuestiones, sin duda, importantes, me gustaría detenerme en la defensa enconada que hizo del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias y de su Ministro de Sanidad.
En relación al primero, esgrimió en su defensa el arduo trabajo realizado (“enlazando días y noches”), calificando a los críticos con su gestión de “ignorantes”.
Es inaceptable que una persona que nos representa a todos califique a los que critican la labor del Señor Simón de “ignorantes”. En toda gestión pública la crítica debe formar parte del proceder ordinario; y aprender de ella si se estiman total o parcialmente sus argumentos; o rebatirla con las razones que se estimen al caso, pero sin descalificar con epítetos ofensivos a quien hace crítica.
Yo me instalo en la posición más favorable y no dudo que, el Señor Simón, humildemente, y con su mejor voluntad, se ha esforzado y ha dado todo lo mejor de sí para hacer su trabajo. No me cabe la menor duda, pero eso no le da pábulo para que salga indemne de crítica por la gestión de esta pandemia en lo que a su labor respecta.
Veamos, semanas antes de declararse el Estado de Alarma, no fue capaz de captar la trascendencia de los mensajes reiterados que le enviaban desde los diferentes organismos internacionales, y, eso, en otra persona, sería disculpable, en un gestor de su área no.
No alegó impedimento alguno (no alertó, como venían aconsejando las autoridades internacionales) para que se realizaran eventos multitudinarios que pudieron tener un importante efecto propagador.
No, señor, no, usted no es el origen de la pandemia, ni se le puede culpar de los vaivenes informativos sobre determinados aspectos de la misma, pero tengo dudas sobre si su gestión tiene algo que ver con la morbilidad de la misma.
Dedicar desvelos para (argumento presidencial) desempeñar una labor, no es garantía de encomio, puede ser una flagrante evidencia de incapacidad. Quien conoce la aritmética en su totalidad empleará menos tiempo en obtener un resultado óptimo que el que solo conoce el proceder para sumar (ahora también en duda esa capacidad elemental).
Con respecto al Señor Illa, reiterarme en lo mismo que con el doctor Simón, no le discuto su bonhomía, su dedicación, su esfuerzo, su flema casi británica, su voluntarismo, pero un filósofo nunca será el mejor habilitado para gestionar asuntos extraños a su disciplina.
Sí, Señor Presidente, esforzarse para realizar una labor tiene mérito, es más, es una virtud, qué duda cabe, pero para gestionar esta pandemia necesitábamos y necesitamos, además de técnicos esforzados, técnicos cualificados, francos, y desgajados del poder político (en su Ministro cabe obviar esta última consideración).
Lamentablemente, de Usted tengo que decir menos, no es que no conozca las reglas de la aritmética, para eso están los “corta y pega”, no tiene en su gen el mérito del esfuerzo.