lunes 24/1/22

El ropaje de la mona

La moraleja que se desprende del conocido refrán “aunque la mona se vista de seda mona se queda” es de sobra conocida. A pesar de ello aún se sigue practicando con ánimo de aparentar algo que realmente no se es, especialmente por parte de poderosas organizaciones. Me vienen a la memoria dos casos donde se da ese intento de aparentar lo que no se es. Me refiero concretamente, en el primero de ellos, a la curiosa determinación que adoptó el PP de cambiar de sede con el ánimo de que la ciudadanía apreciase que esta vez sí, la cosa iba en serio y cualquier atisbo de corrupción quedaba enterrado en la sede antigua. Por cierto, aún continúa la búsqueda de la nueva sede. El segundo caso es el que se refiere al “nuevo” conglomerado tecnológico creado por Zuckerberg donde Facebook es la parte más conocida y que ahora ha sido rebautizada con el nombre de “Meta”, con el fin de que su reputación no siga deteriorándose más. Ese deterioro de reputación viene principalmente motivado por dos asuntos: La utilización de Facebook por la maquinaria de desinformación rusa para influir a favor de Trump y más recientemente los informes internos hechos públicos sobre la peligrosa y nefasta influencia que Instagram ha protagonizado, con resultados graves en algunos casos, entre la gente más joven. La pregunta que surge ante estas actuaciones siempre es la misma ¿Tan imbéciles nos consideran a la gente de a pie estas élites políticas y financieras? ¡Atentos! La pregunta va dirigida a los de a pie, de los otros paso.