miércoles 30/9/20

Nuestros mayores, igualdad y ecologismo

No lo son, no son nuestros, los dejamos solos a su suerte, en manos de negocio puro y duro, en unas residencias tal cementerios vivientes (nunca mejor aplicado qué, en estos tres últimos meses) aunque ya desde hace años dejaban mucho que desear esas residencias donde solo se veía y apreciaba tristeza infinita, solo la muerte sin dolor era la espera mas deseada por todos los que tenían la cabeza en su sitio.
Es difícil mantener el cerebro asentado cuando ves que la sociedad, los familiares (exceptuando los que por fuerza mayor no tenían otra elección que dejarlos al “cuidado” de otros) los aparcan y olvidan. No nos engañemos a nosotros mismos, muchos de los que ahora reclaman daños y perjuicios por la pérdida de su familiar, no iban a visitarlos, o en su caso, no con la frecuencia que requiere un ser querido. Durante unos años, un tío de mi mujer, por voluntad propia, decidió estar en ese tipo de residencias, tenia posibilidades y se movía, cambiaba cuando cansaba de una para otra, en todas encontramos las mismas carencias y dejadez. En todas nos encontramos con residentes que lloraban porque sus hijos e hijas les metieron allí contra su voluntad y además solo de tarde en tarde iban a visitarlos solo cumplir el trámite.
Apilados y arrinconados por pasillos y salas entremezclados todos, da igual las patologías mentales o físicas, el tío de mi mujer tenía la cabeza perfectamente y siempre cambiaba por la misma causa: aburrimiento, olores, tristeza y mentes imposibles de interpretar día tras día a tu lado. Sin sumar la comida que siempre decía era insulsa, pobre y carente de control alguno, comiendo enfrente de quienes se bababan y gritaban. La dignidad personal y la intimidad brillaba por su ausencia. Nadie controlaba esas residencias, esos inspectores era puro tramite sin compromiso. Ahora clamamos por nuestros mayores, cuando desde hace muchos años, muchos hemos denunciado ese abandono. Nada de a posteriori, está escrito desde hace más de 12 años.
Solo es de esperar que todo cambie, se les de lugares, cuidados y comida decente; que las administraciones sean galantes de su seguridad y bienestar. Que no se deje en manos privadas y negocio la felicidad de esos últimos años de vida de nuestros ancianos.
Recuerdo a un medico a principios de la pandemia, en un debate, decir que los ancianos de algo tenían que morir. Llegamos a ser tan crueles como lo ocurrido en algunos países y algunas de nuestras comunidades donde se hicieron protocolos donde se especificaba que ancianos con patologías y de residencias no tenían que hospitalizarlos, había que dejar libres habitaciones y UCIS para los jóvenes. Por aquella nadie denuncio semejante barbarie humana. Ahora todos se arriman a llorar los miles de muertes que en su día no supimos merecer en proteger.
Creo que ninguno hemos estado a la altura de lo que merecían nuestros mayores, España se convirtió en el País del mundo donde el virus atacó con más crueldad en esas residencias, y muchas más que seguramente quedaron sin contar.
Aquí presumimos de mucho y carecemos de todo. Decíamos tener la mejor sanidad del mundo y fuimos el País del mundo con mas contagios y muertes entre sanitarios. Decíamos tener protección social y resulta que miles de ancianos se nos murieron para vergüenza de todos. Decíamos tener resuelta las consecuencias laborales y económicas de todos y vemos las colas de familias en busca de comida, empresas que cierran y desempleo galopante. Pretendíamos la igualdad de hombres y mujeres (puro arribismo) en un mundo con igualdad de oportunidades; también desde el ministerio de transición ecológica buscábamos calles sin coches y a fe que lo conseguimos. Conseguimos que al menos durante tres meses (mas los resquicios que dejarán) todos fuéramos alcanzando cotas en igualdad de pobreza y libertad confiscada. La ministra de desigualdad (Irene Montero) y la ministra Teresa Ribera, ahora sentirán en sus propias carnes que, para cambiar cosas, se deben hacer sin arribismo personal, sin engañar al personal y sin precipitarse.
Veremos a Irene Montero volver por sus fueros muy pronto, si se le acaba su único discurso se queda vacía, sin argumento alguno para interpretarla de ministra, consiguió lo que pretendía, colocarse ella y su pareja, lograr romper esos techos de cristal (arribismo personal sin límite y vergüenza) que decía eran para las demás mujeres. Logró también con aquella manifestación que ella publicitó y que no estaba dispuesta ni con el virus encima por bien de todos y todas suspenderla, lograr que Madrid fuera una de las ciudades del mundo con brote vírico más intenso.
Solo espero que teresa Ribera, mucho mas preparada y con mas empaque, sepa compensar a las zonas mineras por llevar a cabo ese ecologismo destructivo que las convierte en miseria eterna si no invierte en energías limpias y compensa el daño causado.