martes. 28.06.2022

Pedro Sánchez

Es cierto, Pedro Sánchez parece tener tras si la maldición del diablo, desde sus principios ha tenido a los propios como enemigos, le echaron los mismos que luego se aferraron a él cuando resurgió de sus cenizas. Sin nadie esperarlo, una sentencia contra el PP por corrupción, le aupó al poder en una especie de pacto de perdedores. Cuando todo parecía ir bien encaminado le vino la pandemia. Si fuera poco, un volcán y una guerra, donde todos los fondos europeos de rescate se van por el sumidero de las desdichas. Ya que, sube la inflación debido a la guerra, donde los suministros de gas y petróleo se encarece causando graves problemas a la estabilidad económica. No sale una para meterse en otra. Es también cierto que subió el salario mínimo, las pensiones no pierden poder adquisitivo, baja el desempleo... Pero como siempre, le aparecen contratiempos, unos socios de gobierno que están a lo suyo, solo a defenestrar a los hombres en toda su dignidad. Que decir de ese presumir que tiene. Pedro, no presuma tanto, esos datos buenos se los come el IPC descontrolado, la luz imposible, los carburantes tragándose las ayudas estatales, los alimentos fuera borda, las hipotecas creciendo... ¿De qué presumen? Pues todo eso, no es nada, resiste, hasta se convierte en el "belicista" mayor del reino, prometiendo subir el gasto militar y convertirse en actor principal a la hora de respaldar a Ucrania y mandarle armamento. Todo, sin decirle al pueblo lo que significa, como les puede perjudicar y a quien beneficia su descarada implicación. Tiene una apuesta decidida por el sólito, sin consultarlo con la oposición y explicárselo muy bien al pueblo. Creo se equivoca, un fuego jamás se apaga echándole más leña. Debiera haber consultado al pueblo: ese apostar por armar o por la negociación diplomática. La segunda opción sería la decisión más responsable.