lunes 24/1/22

La mirada masculina de los medios

Hoy más que nunca vivimos en una cultura visual. La nuestra es una sociedad de imágenes sobreabundantes, que nos invaden y nos acompañan en la vida cotidiana, y donde la subordinación de la mujer sigue en muchos casos presente. De la misma forma que se idealizaba el cuerpo femenino en los mass media a finales del siglo XX y en la pintura en óleo en los siglos precedentes, ahora lo hace especialmente en las redes sociales, donde niñas de a penas diez años toman a las influencers como un modelo a seguir, como todo aquello a lo que deberían aspirar en la vida. La publicidad en los medios tampoco se ha curado al completo de los viejos códigos machistas, pues aún son muchas las empresas que utilizan el cuerpo de la mujer como objeto de seducción, relacionándolo con la fragilidad y la necesidad de ser objeto de deseo.

El verdadero problema actual, bajo mi punto de vista, reside en el mundo idealizado y heterodirigido que se representa visualmente en los medios. Un mundo tan poco acorde a la realidad como los cuerpos de trazos perfectos de la pintura europea en óleo. Ya no son solo los catálogos de juguetes de Navidad, ni los anuncios de perfumes, ni los cuentos infantiles de princesas y superhéroes. Ahora se suman los likes y la fama de modelos, influencers y estrellas de cine, que quizás para los millenials o generaciones anteriores no sean relevantes, pero para muchos jóvenes de la generación Z, que han nacido y crecido como nativos digitales, supongan obligarse a crear su propio mundo en un perfil, donde podrán ser como creen que deberían ser para ser aceptados por los demás. Hablamos, en definitiva, de un sesgo cultural del cual con los años, espero que podamos desprendernos.

Sin embargo, también son muchas las empresas que poco a poco están cambiando de rumbo hacia una publicidad más igualitaria y justa. Este es el caso de Barbie, una de las compañías que más daño ha hecho a lo largo de sus 60 años de historia, imponiendo un cuerpo surrealista como estándar de belleza. Pese a ello, la empresa ha apostado por derribar estos estereotipos y ha creado nuevas muñecas, con nuevos cuerpos, nuevos roles y trabajos. También encontramos un gran ejemplo en la reciente publicidad de Nike, donde la mujer se convierte por primera vez en un símbolo de fuerza y poder. Desde una óptica optimista, podemos decir que la publicidad feminista ha avanzado de forma importante, lo cual es señal del cambio cultural que estamos experimentando en la sociedad del siglo XXI.