jueves 20.02.2020

La verdad que duele

Vivimos unos tiempos en los que la realidad es camuflada con el hedor de la mentira, pero que, adecuadamente encubierto, no lo perciben muchos ciudadanos. Algunos medios de comunicación y la verborrea tan abundante en el mundo de la política, son los envoltorios que impiden percibir el fétido discurrir de nuestra existencia.
No tenemos, afortunadamente, holocaustos como el de Auswichtz, ni la quema de Iglesias como en el 36, ni asesinatos de monjes y católicos como en aquellos años. Ahora el holocausto imperante está protegido por la ley que imponen unos gobernantes sin escrúpulos, al estilo de Hitler o Stalin, que no manchan sus propios cuchillos con la sangre de las víctimas, se limitan a legislar para proteger a los asesinos. Y los borregos, tan abundantes en nuestro país, abren la boca como bobos y admiten el juego terrible del crimen como algo normal y hasta bueno.
Se nos ha impuesto una ley de despenalización, incluso de promoción, del asesinato de seres humanos por el grave delito de no haber nacido todavía. ¿Cómo se puede ser tan indecente y repugnante para consentir que esto se produzca? Pero ahora se prepara otra y para ello se está aleccionando a los medios de comunicación, a fin de allanar el terreno y adormecer a los borregos, que despenalizará el asesinato de otros seres humanos, ya nacidos hace mucho tiempo, por el grave delito de ser muy mayores y no ser rentables a la sociedad. El aborto y la eutanasia son crímenes execrables, por mucho que los malvados gobernantes nos los envuelvan en bonitos papeles de celofán. A unos engañarán con su demagogia y sus mentiras, los borregos, a otros nos lo impondrán por la fuerza, pero a ninguna mente sana y honesta le pueden convencer de que el terrible acto de asesinar a alguien es algo justificable.
Pablo D. Escolar