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Blues de Gamoneda

Eduardo Aguirre | Periodista y escritor

Eduardo Aguirre | 11 de febrero de 2020

Llevo días paseando con la mirada puesta en los escaparates de las librerías, esperando ver en ellos La pobreza, la segunda entrega de la autobiografía de Antonio Gamoneda, que mañana presenta en Madrid. Más que un título es un tatuaje. En su discurso del premio Cervantes dedicó parte del mismo a lo que llamó “cultura de la pobreza”. Y en las primeras páginas de la primera entrega, Un armario lleno de sombra, se preguntaba si no sería más preciso llamarlo “cultura del hambre”. Habrá quien perciba el título como un efecto dramático. Pero es causa y efecto. Pura trayectoria. Si lo fuiste en la infancia, lo eres para siempre. Fue la conclusión a la que llegué cuando indagué sobre la pobreza cervantina, pese a que el mundo académico tienda a negarla o rebajarla. Se trata de un viejo eco, no de un estadillo. Alguien cierra los ojos y visualiza a su madre haciendo un guiso con nada y algo… una casa más fría que la de los parientes…un silencio distinto.… no hay que remontarse a un ayer de posguerra o galdosiano. Hoy, mismo. Gamoneda es muy seguido por los poetas leoneses, algunos de ellos —amigos suyos— tendrán que esperar para leerle a que llegue a la Biblioteca Pública, aunque no sea caro. Buen título, pues, Antonio. A falta de tener la obra en mis manos, he seguido con mucho interés las entrevistas. Por cierto, en la concedida a El País comentaba que firmó el manifiesto por la separación de León porque un amigo se lo pidió, «pero que no me pidan que lo defienda». Y añade: «A mí me da igual León con Castilla que sin ella. No creo en esas divisiones». Un poeta libre nos hace libres.

Siempre me han interesado las obras de los autores mayores, en edad y en jerarquía. Gamoneda es rico en rebeldías y atesora un rico pensamiento, no necesariamente sistematizado ni de siglas. Y sigue macerando. Estoy deseando leer La pobreza.

Ha construido una gran obra poética, escrita en una pequeña ciudad, fuera de los circuitos culturales influyentes. Ajena a localismos, impregnada de universalidad. Tampoco los solos de trompeta de Chet Baker pertenecen a un lugar concreto. El blues de Gamoneda tiene su origen en la pobreza. Y porque la sufrió, sigue ahí. En efecto, como un tatuaje en el corazón.

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