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La demografía del ‘León vaciado’ sufre una hecatombe histórica desde la década de los 50

Miguel Ángel Zamora | 14 de febrero de 2020

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La despoblación, el adiós de los que se quedaron, los pocos que nacen, lo que envejecemos, los movimientos migratorios. Ninguno de estos indicadores son favorables para León: la mitad de sus jóvenes asalariados se fueron en busca de oportunidades en los últimos diez años, un mazazo para la economía local. Diario de León analiza hoy la geografía humana como la tercera de las cuatro fachadas que dibujan las razones para convertir la cita del domingo en historia. Los pueblos y ciudades vaciadas no podrán acudir a la lucha, pero los convocantes han hecho un llamamiento a la diáspora para que vuelva a casa por un día.

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La dramática situación demográfica de León, por las cifras actuales y por la previsión de las que se avecinan, se erige en uno de los peores indicadores de la realidad de la provincia. Uno de cada cuatro habitantes ya está por encima de los 65 años, se perdieron más de 3.000 habitantes en el último año y la cifra de nacimientos se recorta a mínimos históricos. Es la tercera provincia con menos tasa del país, solo empeorados sus datos por Orense y Asturias.

Son múltiples los estudios que atestiguan que, lejos de mejorar, la situación de los leoneses empeora. La caída de la población en 2019 con un proceso de envejecimiento que sigue subiendo y que es mayor que en el conjunto de la Comunidad. Asimismo, los datos provinciales del paro, caída de exportaciones, firma de hipotecas y de matriculaciones de vehículos no ofrecen mejor panorama.

La quimera del medio millón de habitantes pertenece a las hemerotecas. Fue en los albores del año 2000 la última vez que la cifra se situó en el entorno del medio millón de habitantes. En 2018 la población se redujo a 466.000 habitantes y la estimación determina que para 2033 serán en torno a 414.000. Desde hoy hasta 2025 se calcula que el censo de empadronados se reducirá a 441.000 habitantes (25.000 menos que en el año 2018) de los que 359.000 serán españoles y 54.000 extranjeros, una cota que sigue subiendo a pesar de la crisis.

La pérdida de población generará un engañoso descenso de las emigraciones. No hay ciudadanos que se vayan de León a otras provincias porque cada vez quedarán menos. En 2018 se marcharon 5.600 leoneses, en el año 2032 serán 5.000. En lo tocante a los que cambian de país, de los 1.417 que lo hicieron en el año 2018 se pasará a 1.100 dentro de una década.

La caída de esquelas en la nómina de defunciones será más suave, fruto quizá de un proceso paulatino que enfrenta el lógico envejecimiento con la realidad de una mayor esperanza de vida. Si en 2018 fallecieron 6.100 personas, en la década de los treinta serán 5.700, una progresión muy similar. Más espectacular será la caída de los nacimientos, que se reducirán por encima del 20% con un descenso desde los 2.500 de hace dos años a los 1.900 que se vaticinan para el ejercicio de 2032.

Aumenta en la previsión el cotejo de viviendas unifamiliares y de dos personas, pero descienden las de tres, cuatro y cinco personas o más.

En lo tocante a la previsión de población por grupos de edad, cerca de un 60% están en situación de inactividad, bien porque no han llegado a los 16 años y no están en situación laboral o porque han superado los 65 años y están en etapa de jubilación.

León es la tercera provincia de España con menos nacimientos. La tasa bruta de natalidad es de 5,68 bebés por cada mil habitantes, sólo por detrás de Ourense, con 4,82 y Asturias, con 5,60. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al Informe del Movimiento natural de la población que muestra una tendencia poblacional en caída libre donde además las defunciones (3.282 en los seis primeros meses del año) triplican a los nacimientos (1.152).

El número de pueblos en la provincia de León con cinco habitantes continúa en alza con un total de 34 localidades en las que conviven exactamente cinco vecinos o menos. Las cifras son claras, y el número de poblaciones en riesgo de desaparecer aumenta cada año y sin freno desde el 2011. Sin embargo, la realidad de estos núcleos poblacionales puede ser aún peor, ya que alguno de ellos está ya abandonado al no haber residentes durante todo el año, a pesar de que aun conserven censados o residentes durante los fines de semana o festivos.

La asistencia sanitaria se ha vuelto itinerante. Hay cada vez más pacientes pero, debido a su edad, son más propensos a enfermar. Tras los recortes sanitarios llevados a cabo durante la crisis, los médicos que quedan cuentan con menos potenciales pacientes, pero cada vez más propensos a ponerse enfermos, debido a su avanzada edad. Además, existen pueblos donde cada vez es más complicado conseguir elementos básicos como leche o pan. Los núcleos rurales tienen en la agricultura su principal modo de vida. Con la despoblación muchas de estas explotaciones agrarias han quedado totalmente abandonadas y, consecuentemente, la producción local ha desaparecido. Esto no solo tiene consecuencias directas en la economía, sino también en el medio ambiente. El numero de incendios ha aumentando a consecuencia de la despoblación y la falta de mantenimiento y limpieza de montes y campos.

Envejecimiento, masculinización de los municipios rurales y falta de natalidad.# Son tres factores vinculados a la crisis demográfica. En el 87% del territorio de la Comunidad Autónoma hay más hombres que mujeres, lo que deriva en el fenómeno llamado masculinización de los núcleos rurales. Este proceso de varonización se debe en buena media a la emigración de la población femenina en edad fértil hacia las áreas urbanas. Con los pueblos vacíos se pierden las tradiciones culturales y la idiosincrasia de las comunidades. Los numerosos grupos poblacionales que intentan conservar tradiciones como, por ejemplo, los carnavales, son solo un ejemplo de la preocupación local por la perdida de lo que abuelos y padres se han encargado de transmitir generación tras generación.

Un total de 52.845 personas de la provincia reside en el extranjero según los datos del Padrón de Residentes Españoles en el Extranjero (PERE), lo cual supone un incremento interanual del 1,68%. La provincia es con mucha diferencia la zona de la autonomía con más residentes en el extranjero. La provincia de León lideró en 2018 la nómina de trabajadores que se fueron a otros lugares de España para trabajar, con 2.548 trabajadores. La Agencia Tributaria en su informe ‘Movilidad en el mercado de trabajo’, constata que los casi 13.000 trabajadores que se marcharon en 2018 de la Comunidad a otros territorios de España para ganarse la vida, lograron subidas salariales del 18,6%, frente al alza media de las retribuciones en la autonomía del 2,6%.

El plano de la inmigración se suaviza. El Instituto Nacional de Estadística (INE) que cifra en 1.241 el número de extranjeros que llegaron a la provincia en el primer semestre del año 2019. Otros 712 se fueron, dejando un saldo de inmigración que suma 529 habitantes. Casi inalterable se mantiene el movimiento migratorio (la diferencia de los que se van a otras provincias y los que vienen a León). En ese mismo periodo de tiempo llegaron a León 3.209 personas procedentes de otras provincias y se fueron otras 2.275. Sin embargo mueren tres veces más personas de las que nacen. La cuenta no puede ser más negativa para León (460.415 habitantes en esa fecha) con una pérdida de población en el primer semestre de 2019 de 2.081 personas, la provincia más afectada de Castilla y León.

17.435 trabajadores leoneses abandonaron la provincia en el último estudio del INE del que se dispone de datos. El grupo más numeroso fue el comprendido entre los 16 y los 64 años. De ellos, 1.979 eran extranjeros, la mayoría también con edades comprendidas entre los márgenes establecidos por la legislación vigente en materia de edad para poder trabajar.

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