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El Ejército colonial español empleó armas químicas en la guerra del Rif

Paco Soto - rabat | 22 de febrero de 2004

Los bereberes exigen compensaciones por un desastre que costó a España 20.000 muertos
Entre 1921 y 1927, el Ejército colonial español bombardeó de manera sistemática los poblados de la comarca marroquí del Rif para acabar con la rebelión independentista dirigida por Abdelkrim El Khattabi. Y en los bombardeos empleó armas químicas como el fosgeno, la cloropicrina, el difosgeno y el gas mostaza. La denuncia está avalada por el trabajo de prestigiosos historiadores de todo el mundo. Ahora, movimientos sociales bereberes exigen una compensación por un desastre que costó a España la muerte de 20.000 soldados. En 1924, las autoridades españolas abrieron dos fábricas de armas químicas, una cerca de Madrid y otra en Melilla, y contaron con el asesoramiento de expertos alemanes y franceses para su elaboración y empleo. Según los historiadores, España llegó a fabricar 470 toneladas de gases tóxicos y utilizó 530 aviones de construcción francesa, alemana y danesa, pilotados en muchos casos por mercenarios europeos y estadounidenses, para bombardear el Rif. En virtud del Tratado de Versalles de 1919, los aliados vencedores de la I Guerra Mundial prohibieron a la Alemania vencida la fabricación de armas químicas. El Protocolo de Ginebra de 1925 hizo extensiva esa prohibición a todos los países. Pese a esas normas, los historiadores Rosa María de Madariaga y Carlos Lázaro Ávila establecen que España utilizó masivamente gases tóxicos durante la guerra del Rif y que Francia lo hizo en 1925 en los alrededores de Fez, ciudad situada en la zona bajo su control colonial. Bombardeos silenciados Los bombardeos españoles fueron silenciados, pero algunos observadores de la aviación militar, como Pedro Tonda Bueno en su autobiografía La vida y yo , publicada en 1974, se refiere al lanzamiento de gases tóxicos desde aviones y el consecuente envenenamiento de los manantiales rifeños. Por su parte, Ignacio Hidalgo de Cisneros, en su obra autobiográfica Cambio de rumbo , revela cómo fue protagonista de varios bombardeos con gases tóxicos. Años después, en 1990, dos periodistas e investigadores extranjeros, los alemanes Rudibert Kunz y Rolf Dieter Müller, en su obra Gas venenoso contra Abdelkrim. Alemania, España y la guerra del gas en el Marruecos español (1922-1927) , aportaron pruebas de lo que había ocurrido en la región rebelde. Y el historiador británico Sebastian Balfour, de la London School of Economics, en su libro Abrazo mortal (Ediorial Penínusla), confirma el empleo masivo de armas químicas en tierras rifeñas. Balfour, que ha estudiado numerosos archivos españoles, franceses y británicos, sostiene que la estrategia de los militares coloniales españoles se basaba en escoger zonas muy pobladas del Rif para lanzar bombas tóxicas. Así lo confirma un oficial británico, H. Pughe Lloyd, en un despacho enviado al ministro de la Guerra de su país en 1926.
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