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El refugio del filósofo

ernesto escapa | 30 de julio de 2011

La ribera del Cea, entre Mayorga y Castrobol, guarda en el Coto Castilleja la memoria viva de José Ortega y Gasset, primer filósofo de España y quinto de Alemania. La finca vivió su esplendor en los años que estuvo a cargo del arquitecto José Varela Feijoo y de Soledad Ortega, la hija del pensador. Varela murió en diciembre de 2002, con una esquela laica que resaltaba junto a su condición académica de arquitecto la vital de agricultor. Ahora aquel feudo es una sociedad agrícola que gestionan los hijos, cercado por carteles que pregonan su provecho como cazadero intensivo. Nada que ver con la proverbial hospitalidad del patriarca Varela, que convirtió el recinto en parada y albergue obligatorio en los viajes hacia el norte de la intelectualidad de la época. Un período que abarca desde los representantes de las generaciones del 98 y del 14 hasta sus herederos liberales de posguerra.

El lugar cuenta con un rico florilegio de menciones en la literatura viajera y memorial contemporánea. Aquí recalaba Ortega en sus viajes de ida y vuelta a los veraneos del norte, que con frecuencia tenían por destino la pensión Uranga de Zumaya. De aquí partió para su campaña electoral del 31, cuando salió elegido diputado por León. Entonces protagonizó un mitin multitudinario, en la plaza de toros del Petardo, y el cierre de campaña en el teatro Principal, transmitido por radio a otros locales de la ciudad. Por cierto, en aquella aventura de los intelectuales con la República, Marañón fue diputado por Zamora. También descansó en la finca a su regreso de Lisboa, hace justamente ahora 66 años, antes de enfrentarse al áspero erial de la posguerra. Y aquí pasó algunos días del último septiembre de su vida, después de padecer la travesía de los Beyos, entre Cangas y Riaño, aplacando la creciente melancolía con paseos por las choperas del Cea. De Castilleja le fascinaban el resplandor de sus atardeceres de joya y el bullicio nocturno de los chopos.

El legado del institucionista Varela se nota en el cuidado de su templo mozárabe, extrañamente ignorado en los catálogos monumentales. La iglesia de Santa María de Castilleja tiene nave rectangular y cabecera cuadrada, cuya penumbra ilumina un arquillo similar a los de Escalada. El templo es pequeño, de una sobriedad desnuda. El arco de triunfo que marca el acceso al ábside dibuja una acusada herradura. Dos fustes lisos sostenían un par de capiteles decorados con hojas de acanto, ahora situados en los jardines de la finca. La iglesia de Santa María de Castilleja, del siglo diez, aparece documentada en diplomas de la catedral de León y del monasterio de Benevívere, mientras su mozarabismo lo acredita una lápida funeraria del 987 que menciona al repoblador andalusí.

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