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«Es más divertido el lobo que Caperucita»

Verónica Viñas | 08 de marzo de 2020

Emma S. Varela.  DL
Emma S. Varela. DL
Emma S. Varela publica ‘Calle de los cerezos’, una historia de amistad en la que Misspink pone color a los personajes de la escritora leonesa

Muchos niños la conocen como 'La tía de Tilo Cocodrilo, uno de sus personajes emblemáticos. Ahora publica 'Calle de los cerezos' (La Cuentería Respetuosa), donde acompaña a Daniela en un viaje por la amistad

—¿De qué va ‘Calle de los cerezos’?

—Calle de los Cerezos cuenta una historia de amistad, en la que descubrimos la importancia de cuidar a las personas que queremos, de apoyarlas, de regalarles una sonrisa, de jugar y de reír con ellas y, sobre todo, de hacerles saber que siempre estamos a su lado. Es el paseo de Daniela, que observa la calle, sus comercios y su gente desde los ojos de la curiosidad y el surrealismo que solo los niños y las niñas tienen.

—¿De dónde saca las ideas para sus historias?

—Del contacto directo con los niños, de escucharles e intentar entenderlos. Qué les interesa, qué les llama la atención, qué les ocurre... De ahí sale la idea; y después, como hacía Gianni Rodari —mi gran referente dentro de la literatura infantil—, antes de escribir la versión definitiva se lo cuento a los niños y lo modifico según veo sus reacciones.

—¿El público infantil es más difícil?

—El público infantil es más sincero. No tienen dobleces, no necesitan quedar bien y te demuestran sin tapujos cuando no les interesa lo que les cuentas. También creo que es más agradecido y te muestra un amor incondicional y una admiración que los adultos nos reservamos.

—¿Cómo lleva ser una de las autoras infantiles que más vende?

—Te agradezco la pregunta, supongo que te refieres a que el pasado septiembre V de Victoria (Eolas Ediciones) con Alberto Sobrino de compañero, fue la novedad infantil más vendida según CEGAL. Pero realmente eso fue un episodio puntual, debido, principalmente, a la cantidad de presentaciones que hice ese mes. Me hizo una ilusión tremenda y estoy muy agradecida a mis pequeños lectores, pero me queda mucho trabajo por delante para llegar a la altura de muchas autoras y autores de infantil que tenemos ahora mismo en España.

—El cuento tiene que convencer a los padres, que son los que lo compran, ¿no?

—En parte sí; y en gran parte, no. Creo que aquí hay tres situaciones. La primera es que el adulto compre el libro solo, sin el niño delante, por referencias o por recomendación del librero. Por cierto, aprovecho desde aquí para mandar mi cariño y admiración a los libreros de barrio. La segunda opción, y mi preferida, es que el niño quiera el libro. Todavía no conozco a ningún padre que no le compre un libro a su hijo si se lo pide; o al menos es lo que veo en mis presentaciones. Y la tercera, y más divertida, son esas madres que compran los álbumes ilustrados que ellas quieren, con la excusa de que tienen un niño.

—¿Cómo ha trabajado con la ilustradora Misspink? ¿En qué medida el éxito de un libro depende de las ilustraciones?

—Trabajar con Paula, la creativa detrás de Misspink ha sido absolutamente maravilloso. Es original, dulce y muy exigente. Algo esencial para hacer un buen trabajo. Más allá del libro, creo que la puedo considerar una amiga. La importancia del ilustrador es un tema en el que insisto constantemente. Su trabajo en el álbum ilustrado es esencial y primordial y creo que texto-imágenes tiene que ser un pack indivisible. Me molesta especialmente cuando se nombra más al autor del texto que al de las ilustraciones.

—¿Los escritores de libros infantiles están menos valorados?

—Creo que son menos conocidos fuera del mundo de la literatura infantil y juvenil, y que muchas veces hay libros muy famosos como El Pollo Pepe, ¿A qué sabe la luna? o La oruga glotona, que los padres y educadores conocen sin duda, pero no a sus autores. A mí, sin ir más lejos, me han llamado muchas veces ‘La de Tilo Cocodrilo’.

—Con ‘Cosita y Bichejo’ inició una saga que pretendía llevar a los niños por distintas ciudades. ¿El proyecto lo ha abandonado?

—El proyecto sigue ahí, de hecho tengo dos escritos: Roma y Tokio. Pero la editorial a la que cedí los derechos, por un problema de fuerza mayor, de momento está parada. Si te digo la verdad no sé muy bien qué pasará con ellos.

—Hace animaciones para fomentar la lectura entre los niños, ¿realmente funciona?

—Estoy segura de que sí. Mensualmente realizo el fomento lector en las bibliotecas municipales de León y lo que más me gusta es ver a los niños y a las niñas llevándose libros a sus casas al terminar. Creo que el cuento de antes de dormir sigue vivo.

—¿De los personajes que ha creado cuál es su favorito?

—Tilo Cocodrilo. Fue mi cuarto libro publicado y el que para mí marcó una nueva época de mi vida. Sin duda, a partir de él los cuentos invadieron mi vida. Le estoy muy agradecida. Dos años y 2.000 ejemplares después está descatalogado.

—¿Se aprende más con un cuento que en una aburrida clase?

—Si la clase es aburrida se aprende más con cualquier otra cosa, jajaja. Pero sí, creo totalmente en los cuentos como recurso de aprendizaje.

—¿Caperucita o el lobo?

—Sin duda, el lobo es un personaje mucho más divertido, con mucho más trasfondo. ¿Por qué habla con la niña en vez de comérsela directamente? ¿Por qué se viste de abuela? ¿Cómo sobrevive después de que le abran la barriga y le metan piedras? Justamente el otro día leí cómo el narrador Diego Magdaleno reivindicaba la necesidad del lobo en los cuentos y el peligro de que se extinga. Los personajes malos son necesarios.

—En los cuentos clásicos siempre hay niños huérfanos (como en el caso de Disney), lobos feroces, madrastras malvadas... ¿no son un tanto cruentos?

—Es que justamente la finalidad de los cuentos ha sido siempre esa, enseñar a los niños que la vida real no siempre es bonita. Creo que los niños necesitan esa tensión y la tranquilidad cuando todo se resuelve bien.

—¿Cuál es su cuento predilecto?

Alicia en el país de las maravillas. Tengo una colección en casa de más de cien libros, la mayoría regalados de gente que me quiere. Tengo versiones en inglés, alemán, checo, francés, japonés, chino, italiano... Y con unas ilustraciones impresionantes.

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