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Exiliados en casa

enrique mendoza díaz abogado | 04 de septiembre de 2018

Chicos, adolescentes, que se marginan en sus habitaciones donde ven televisión, escuchan música, pasan horas con los videojuegos y navegando en la red. Encierro alarmante. Su música favorita suele ser sórdida, oscura y desesperada. No me canso de insistir en que debemos de traducir las letras de las canciones que escuchan nuestros hijos. Y comentar con ellos los ejemplos de vida que nos ofrecen sus protagonistas. Sin dramatizar, pero este aislamiento llevado a un extremo puede ser grave.

Pensando en estos casos recordé que, a comienzos de este siglo, se empezó a oír hablar de los «hikikomori» (palabra japonesa que se puede traducir como retraimiento), chicos que no salían de sus habitaciones incluso por años. En Japón si se puede dejar de ir al colegio, no existe la escolarización obligatoria tal y como la conocemos en España. Aislados, sin vida social. Interrumpían su aislamiento sólo para comer, para comprar en horarios de primera o última hora o en tiendas nocturnas, donde las probabilidades de encontrarse con gente conocida disminuyen. Algunos incluso comían en sus propias habitaciones. Restos de comida de varios días junto a sus artefactos. Viendo series completas de forma ininterrumpida, capítulo tras capítulo, o concursos de televisión. Como una especie de rebelión silenciosa. Dicen que, en algunos casos, surgió como respuesta a frustraciones mal llevadas por fracasos educativos, o por no tener amigos. O víctimas de agresiones silenciosas de compañeros.

Para dar respuesta a estas situaciones siempre es determinante la actitud de los padres, si toleran o no una vida familiar así. Cosas de adolescentes, ya se le pasará, presionarle podría ser peor. Mi-hijo-me-ha-salido-así. Los hijos se forman. Tu hijo no es agresivo o caprichoso porque ha salido así… Tendrá un carácter concreto pero el carácter se educa y tu responsabilidad como padre es educarle. En este proceso es fundamental definir unas normas de comportamiento durante los primeros años de vida. No se pega, no se miente, no se contesta con malos modos, no se interrumpe a los mayores cuando están hablando. Si no las cumple, debe experimentar sanciones razonables. No te creas que te va a querer más si le consientes todo. No tengas miedo a ponerle una cara seria y decirle que no, tajantemente, ante una falta de educación o un capricho. En la medida que le exijas, te querrá más. Y acuérdate después de decirle que le quieres mucho, con un abrazo.

Es-que-tú-no-sabes-cómo-se-pone. Por más que le digo «no», sigue con sus rabietas y enfados… No te preocupes, la maduración requiere tiempo. Pero no cedas. Si le has dicho que hoy no ve televisión, no cedas. No le va a pasar nada malo, al contrario, le estás ayudando madurar, a aceptar el no. «Te dejo, pero te callas»: la próxima vez gritará más y peor…Ceder a sus caprichos con tal de que se calle, dejarle ver un programa de televisión con tal de que se calle, no es el camino para educar bien a tu hijo. Es que estoy muy cansado y lo único que quiero es que se calle y nos deje en paz… Comprensible, pero piensa en su bien.

Son niños consentidos –digámoslo claro, son niños maleducados-, sin normas, sin límites, que imponen sus deseos ante unos padres que no saben —o no les interesa porque quieren vivir tranquilos— decir no. Su dureza crece si no se le pone límites. Eluden responsabilidades. Echan la culpa a los demás de las consecuencias de sus actos. Niños agresivos que quieren imponer su idea o su deseo por la fuerza. Niños que no viven hábitos básicos de alimentación, sueño, descanso, orden…Se ve lo que él quiere en la televisión, se entra y se sale si así a él le interesa, se come a gusto de sus apetencias. Cualquier cambio que implique su pérdida de poder conlleva tensiones en la vida familiar. Son una bomba de tiempo.

Una sociedad permisiva que educa a los niños en sus derechos, pero no en sus deberes. Nadie quiere hacerse cargo de esta situación. Los padres les echan la culpa a los profesores, los profesores a los padres… ¿Soluciones? Desde pequeños hay que enseñarles a vivir en sociedad. Es esencial formar en la empatía, ponerse en el lugar de los otros. Educarles en sus derechos, pero también en sus deberes. Siendo tolerantes, pero marcando reglas, ejerciendo control y diciendo no cuando sea necesario. Paciencia, paciencia, paciencia. Utilizando el razonamiento, explicando las consecuencias que la propia conducta tendrá para los demás. Acrecentando su capacidad de diferir las gratificaciones, de tolerar frustraciones, de controlar los impulsos, de relacionarse con los otros.

Si a vuestro niño le consentís caprichos, contestaciones, malos modos, imposiciones, porque estáis cansados, porque no le dais demasiada importancia, porque-tampoco-es-para-tanto, es todavía pequeño, ya-habrá-tiempo o porque tenéis miedo a que se traumatice si le corregís seriamente: estáis equivocados. Alguien os lo tenía que decir. Con respeto y con cariño, pero también con claridad: estáis equivocados… Con esta actitud le estáis ayudando a ser un adolescente agresivo y maltratador. En definitiva, se convertirá en un hijo desafiante que terminará imponiendo su propia ley, y lo que es peor, no será feliz.

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