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La marcha del ángel azul

Diario de León | 29 de marzo de 2020

Lucía Bosé, en una imagen  de archivo en la playa.
Lucía Bosé, en una imagen de archivo en la playa.

Lucía Bosé revolucionó la vida de un país sumido en la postguerra y el ostracismo

Fue musa de artistas y el amor traicionado de un torero deslenguado

El mismo torero que se levantó de la cama de Ava Gadner y cuando ella le preguntó que adónde iba le respondió «a contarlo» sedujo a una joven actriz napolitana, Miss Italia, actriz, musa del neorrealismo italiano y dependienta en una pastelería.

Lucía Bosé llegó con su luz a un país sumido en la postguerra y el ostracismo. Se prendó de un hombre de aquella época que triunfaba en los toros y lo dejó todo por seguirle.

Nunca dejó de ser como quería ser, sin importarle los escándalos. Ni cuando se casó por lo civil en Las Vegas, en 1955, con Luis Miguel Dominguín aunque seis meses después lo hicieran otra vez en Madrid, esta vez por la iglesia, como mandaban los tiempos, ni cuando se divorció, en 1967.

Entonces, regresó a su papel de musa. Mantuvo una relación con Camilo Sexto, casi veinte años menor que ella, y dicen que la famosa canción de Serrat lleva su nombre en memoria de un gran amor.

No le importaba hablar de sus peleas con su hijo, el cantante Miguel Bosé, con el que estuvo años sin hablarse, ni de la admiración que sentía por su nieta Bimba Bosé, en quien veía la continuación de su estirpe y que un cáncer truncó.

Creía en los ángeles, en su protección, y hasta abrió un museo dedicad a ellos pero, en la tierra, no obtuvo su protección y el santuario acabó cerrando en medio de deudas poco celestiales.

Cultivó la amistad de artistas e intelectuales y se sentó en los platós de la televisión rosa con su pelo teñido de azul. Por los ángeles, a los que ella veía de ese color, y por su otro ángel, su nieta Bimba, la primera que cambió sus canas por el color del cielo.

Ha muerto sola. En una unidad de cuidados paliativos de un hospital de Segovia. Como tantos otros, sin la ayuda de su familia, sin una caricia, tal vez con la mano cuidadora de quienes nos cuidan en esta época de pandemia.

Un virus que imaginamos verde y con corona se llevó al ángel azul.

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