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¿Monarquía o república?

Manuel Arias Blanco | 28 de septiembre de 2020

Nada está más de moda hoy que preguntarse si no tendríamos que cambiar de forma de Estado. Y la sugerencia que se rumorea es el cambio hacia la República, puesto que parece algo más progresivo, más actual, mientras que la Monarquía suena a tiempos medievales o pasados. Y no parece tan fácil ni el cambio ni la oportunidad. Sabido es que corren malos tiempos para la Monarquía a raíz de las posibles tropelías que ha protagonizado el rey emérito, pero no deja de ser un error personal de quien presidió la jefatura del Gobierno. En todo caso, el paso por la República tampoco nos garantizó estabilidad alguna. Ahora llevamos tiempo sin que se perciba ningún levantamiento hostil hacia el sistema que nos hemos impuesto.

Los que defienden la Monarquía constitucional alegan que da mayor estabilidad. Eso es así. Hay una persona que se prepara para acceder a este cargo durante mucho tiempo y luego lo preside también mucho tiempo. Eso significa estabilidad y preparación. Pero no se ve con buenos ojos que el cargo se herede sin más y no salga de una familia. Es cierto. Podemos tener suerte y caernos uno bueno, como uno no tan bueno. Para ello quizás hubiera que activar algún referéndum de refrendo de ese cargo. Tampoco estaría descabellado que este cargo tuviera un margen más amplio y se denominara Jefatura del Estado, sin ese carácter privativo y familiar, fuera de todo contexto. Pero el requisito imprescindible sería el de ser neutral, porque si no bastaría con eliminar esta jefatura y pasar directamente a la elección de presidente con su Congreso de los Diputados. Al fin y al cabo, hoy la Jefatura apenas tiene mando en plaza, tan solo nos representa cual embajador cualificado fuera del país. Que no es poco. El poder reside en el pueblo a través de nuestros representantes en las Cortes.

Me parece que es un debate de hondura y no merece la pena ahondar en ello ahora. No estamos para fiestas. Algún día habrá que atajarlo y poner coto a esta forma de gobierno. No parece ya normal que haya inviolabilidad de ningún cargo, ni siquiera aforamiento, aunque los políticos prometen una y otra vez que cambiarán este privilegio y no arrancan. Como tantas cosas.

Los que propugnan la República no nos dicen qué versión podemos tener: americana, francesa, alemana, venezolana… Hay quienes hoy, incluso republicanos declarados, no están muy favorables a este cambio. Más que República dicen que debemos tener “libertad, libertad, libertad”. No las tienen todas consigo, vista la experiencia pasada y actual de ciertas repúblicas. Y conociendo a los políticos poco me fío de cómo llevaríamos a término esta estructura gubernativa. Para una buena estabilidad debemos tener gente de altas miras, experta, preocupada del bien común, amiga de aminorar las desigualdades, cercana a la gente, interesada en propiciar un ambiente de trabajo… Y mucho me temo que el panorama actual no invita a ser optimista al respecto.

En definitiva, está fuera de órbita hablar de esta doble opción. Quizás, con el tiempo, la juventud se planteará más seriamente este debate. Espero que tenga cuidado en las formas y no caiga en un vacío inane o dañino. Con la actual estructura nos basta para desarrollar la vida en libertad. Todo sistema es imperfecto y solo los ciudadanos podemos hacer válida esa andadura democrática. Tenemos el poder mediante las urnas y cada cuatro años cambiamos o no el rumbo elegido. Por tanto, también nosotros somos responsables de nuestro destino. Solo hace falta que se presenten políticos competentes. Todo lo demás apenas importa.

Esta es mi visión desde un punto de vista neutral y apegado al más sano sentido común. No sentencio, opino. Procuro huir de los extremismos y atender a conflictos que afectan a muchos. No dogmatizo.

Pienso que los políticos deberían escuchar a sus ciudadanos con el fin de hacer un país mejor: aminorar las desigualdades, propiciar el empleo, ayudar a quien lo necesite —y no me refiero a una paga vitalicia—, facilitar una justicia independiente, ocuparse seriamente de la educación, la sanidad y los mayores… Estos son problemas cotidianos y no debatir sobre monarquía o república. Digo yo.

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