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El niño que no quería ser bombero dice adiós al fuego

DiariodeLeón | 10 de septiembre de 2019

José Manuel Valcárcel, segundo por la izquierda, durante unas prácticas de entibación en túneles en la Mina Escuela. CORTESÍA DE VALCÁRCEL
José Manuel Valcárcel, segundo por la izquierda, durante unas prácticas de entibación en túneles en la Mina Escuela. CORTESÍA DE VALCÁRCEL
José Manuel Valcárcel se jubila tras 24 años al frente de los bomberos de Ponferrada. En 2004 hizo memoria de los 50 años de historia del cuerpo. Dos incendios devastadores obligaron a crear el servicio en el año 1954

No era de esos niños que jugaban con camiones de bomberos. Pero ha terminado por dedicar 34 años de su vida a apagar incendios en pajares y en viviendas, en naves industriales y locales comerciales, a rescatar a víctimas de accidentes de tráfico atrapadas en amasijos de hierro, a recuperar cuerpos ahogados en el pantano, o en los ríos del Bierzo; y lo más cotidiano, también a abrirle la puerta al vecino que ha perdido las llaves de su casa. «Y últimamente retiramos nidos de avispa asiática», decía ayer José Manuel Valcárcel, 24 años al frente de la jefatura de los bomberos municipales de Ponferrada, que el próximo 5 de noviembre se jubila y le deja el testigo a Olivier Bao.

 

Los bomberos dejarán de tener entre ellos no solo a la persona que los ha dirigido durante casi un cuarto de siglo —desde que ocupaban un rincón de la nave levantada en Fuentesnuevas para albergar un mercado municipal de ganado que nunca tuvo mucho recorrido y que acabó convertida en prácticamente «un trastero», con chatarra de todo tipo almacenada junto a ellos—, también al hombre que en 2004 se ocupó de hacer memoria de los 50 años de trayectoria del cuerpo municipal en un libro.

 

«No, no jugaba con camiones de bomberos. Yo estudié Magisterio, pero no aprobé las primeras oposiciones y surgió esto».

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Una vieja foto de José Frá en plena faena sirvió de portada al libro de Valcárcel sobre los 50 años de los bomberos de Ponferrada. BOMBEROS

 

Hay que tener vocación de servicio para tirar de manguera o subirse a una escala, para ponerse una máscara de oxígeno en mitad de una humareda. Y Valcárcel descubrió que la tenía. Lo suyo no iban a ser las pizarras.

 

Faltaba formación entonces, reconoce, pero sobraba entusiasmo. «Desde el primer día te ponías en primera línea, auxiliado por los veteranos, por supuesto». Entonces eran 28 bomberos. Hoy, 35. «No, la plantilla no ha subido mucho, aunque ahora tenemos más vehículos, mejores medios materiales». Y un auténtico parque de bomberos, con torreta para ensayar intervenciones en edificios altos, y un camión escala recién estrenado, capaz de subir a un bombero hasta una novena planta.

 

De todos los servicios prestados — «antes apagábamos más incendios en pajares, ahora en casas con chimeneas»— a Valcárcel le han marcado sobre todo dos accidentes de tráfico a mediados de los noventa, cuando los bomberos, porque no había nadie más que lo hiciera, ya habían empezado a excarcerlar a las víctimas. «Estaban construyendo la A-6 y la nacional sexta era entonces una carretera peligrosa». ¿Como no temblar cuando los muertos son cuatro muchachos, cuatro militares de Fuentesnuevas cuyas familias vivían en frente de aquel primer ‘parque’ de bomberos? ¿O cuando las víctimas mortales son una familia de hosteleros, del bar Tresportiñas, que venía de una boda? «Son sucesos que te marcan por su carga emocional», le contaba ayer a este periódico.

 

Valcárcel deja huella en el parque, en la prensa local, y en los concejales que han tratado con él. Pero sin duda se le recordará como el autor del libro donde en 2004 recopilaba la historia de los primeros cincuenta años de los bomberos. Una ‘memoria incompleta’ subtituló con humildad. Y allí contaba como la ciudad no tuvo cuerpo de bomberos hasta muy tarde, hasta el año 1954, cuando al Ayuntamiento no le quedó más remedio que escuchar el clamor social después de los incendios que el 28 de febrero devoraron la tienda de Muebles Gómez, en la entonces plaza del comandante Manso (hoy Fernando Miranda) y el 17 de octubre, el edificio que hacía esquina en la plaza del Generalísimo al lado de la torre del Reloj. Allí empezó todo. Y ahora llega la hora del relevo. ¿Alguno de sus hijos ha querido ser bombero?, es la pregunta obligada que le hace el periodista. Y orgulloso responde que su hija es médico. Y su hijo cocinero en las antípodas.

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