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pasaje al corazón de cistierna

p.r.b. | 26 de julio de 2019

marciano pérez
marciano pérez
La ermita de San Guillermo, el puente de Mercadillo o el Camino Olvidado marcan parte de la historia menos conocida y singular de este municipio de la montaña oriental

La experiencia en Cistierna regala siempre al visitante un nuevo lugar por descubrir, un espacio natural en el que perderse, una joya arquitectónica que contemplar. No es solo su exclusivo enclave en plena montaña oriental leonesa, capaz de evocar los mejores paisajes naturales, son sus vestigios de la historia que marcó a todo un territorio durante siglos, es su ejemplar gastronomía —escaparate de las carnes, embutidos y huerta ‘made in León—, son sus paisanos, el modo de vida alejado del mundanal ruido pero con todos los servicios necesarios para que no falte de nada. Cistierna conoce su historia, aprende de ella y mira al futuro con optimismo.

La ermita de San Guillermo se antoja como uno de esos tesoros que aguardan a la vista de todos sin que muchos reparen de verdad en su esplendor. A la gruta suben los cisterniegos el 28 de mayo —desde hace casi 800 años— para invocar su protección mediadora. Una romería a la que también asisten aquellos pueblos donde la tradición del santo ermitaño se mantiene intacta. Previamente la imagen baja acompañada por los fieles de Cistierna nueve días antes para celebrar una novena y venerar la reliquia en la iglesia parroquial. La romería fue declarada Manifestación Popular de Interés Turístico Provincial hace ahora tres años.

Otra escapada siempre interesante es la que conduce hasta el puente de Mercadillo, en las inmediaciones de Sorriba del Esla. Situado en una ruta secundaria del camino de Santiago, facilitaba el paso del río en la zona. Una construcción que ya existía en la Edad Media pero que se reparó en el siglo XIX tras un deterioro notorio que lo hizo intransitable. Y no es solo el puente lo que merece la pena del lugar sino todo su entorno. Una bella postal que da fe de las posibilidades que ofrece todo el municipio a propios y extraños.

En el centro de la villa de Cistierna echa raíces la iglesia de Cristo Rey. Destaca sobre todo por su alta torre recta y cuadrada así como por el retablo plateresco que descansa en su interior. Cistierna es cruce de senderos que conducen a Santiago de Compostela, pero también de ruta Vadinense y Camino Olvidado, que desde el Ayuntamiento tratan ahora de promocionar tras años —como bien indica su nombre— en el olvido.

No se puede entender la historia de Cistierna sin conocer al detalle su pasado ferroviario. Y es que el en 1894, con la llegada del ferrocarril, la localidad cambió para siempre. Se abrió al mundo. Adquiría con ello un valor añadido específico con respecto a un entorno que se había ordenado en torno al complejo minero e industrial de Sabero. Todo ello puede revivirse en su Museo Ferroviario. Tapas, el concurso de ollas ferroviarias o el puente de hierro —entre otras cosas— también marcan la singularidad de un territorio mágico.

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