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Tribuna | ¡Cuánta confusión!

Isidro García Getino | Educador | 03 de febrero de 2020

En las recientes memorias, recuerdos o pensamientos que ha publicado la Sra. Carmena, exalcaldesa de Madrid, escribe algo que, sin sorprenderme en absoluto viniendo de ella, me ha retrotraído a mis criterios y propuestas sobre educación. Ella dice, más o menos textual: «Yo creo que los niños deben disfrutar aprendiendo la historia de la vida cotidiana, de la sensibilidad, del afecto y del amor».

¡Cierto, Sra. Carmena! Eso es exactamente lo que los niños, casi todos los niños —lamento mucho si no fue su caso cuando era niña —, hemos disfrutado y hoy disfrutan muchos de ellos; aprenden no la historia, sino la realidad real de la vida cotidiana, de la sensibilidad, del afecto y del amor. Lo aprenden en sus casas, en su familia y durante toda su infancia. Y lo hacen directa, personal y experiencialmente, que es lo óptimo.

Lo malo es que Vd. coloca ese aprender en la escuela y en los libros; peor aún, Vd. lo promueve tergiversado por vulgares advenedizos enseñado como historia y lo hacen para distorsionar las positivas vivencias en la educación de todos esos niños. Vd. propone cambiar el disfrute vivencial por el retrógrado aprender historias contadas en la escuela, ¡lamentable!

La educación real se complementa con las enseñanzas propias de la escuela que puede ampliar y reforzar la educación familiar, pero no sustituirla

Creo que Vd. necesita renovarse: saber que la educación se ancla en la familia (y si no, no hay educación; ahí quizás encajen sus historias). La educación es anterior y muy superior a la escuela con sus historias, la educación fundamenta el disfrute y el desarrollo personal. La educación real se complementa con las enseñanzas propias de la escuela que puede ampliar y reforzar la educación familiar, pero no sustituirla. La escuela es el sistema de enseñanza, pero no es la educación, aunque se llame sistema educativo.

Hoy muy especialmente necesitamos padres y educadores que enseñen a los niños a no dejarse, o sea enseñarles a no dejar que otros les impidan:

—Ser niños toda su niñez.

—Crecer recibiendo y dando amor en ese proceso de reciprocidad nutricia.

—Ser ellos mismos y diferentes.

—Tener gustos propios y centrarse en sus intereses.

—Ser libres para pensar y expresarse con la educación que reciben.

—Mantener su educación, ampliarla y no distorsionarla.

—Desarrollarse plenamente como personas, no borregos ni robots.

—Tener autoconfianza y seguridad en sí mismos.

—Contemplar, explorar y experimentar la naturaleza.

—Manejar y controlar la realidad real antes que lo virtual que solo proporciona estímulos.

—Respetarse y respetar a toda persona, sea como sea.

Todo eso y más durante su etapa educativa (0-6 años), para lo cual necesitan que esos años sean para educarse, no para ser machacados en escuelas, sean infantiles o similares, y con historias. Después, ya entraditos en los 6 años o más, y ya en la escuela, los niños necesitan que les dejen:

—Mantener y seguir sus valores aunque no sean los políticos al uso.

—Hablar bien de las cosas buenas: la vida, la familia, los valores.

—Cultivar su dignidad como persona respetándose.

—Construirse sobre los cimientos educativos de su familia.

—Aprender y disfrutar aprendiendo.

—Defender con el máximo respeto la vida hasta que toca morir.

—Respetar siempre a las personas, aunque no siempre las ideas.

—Ejercitar la generosidad como fuerza ecológica.

—Vivir la fiesta perenne de su corazón en paz.

—Asombrarse con el milagro de cada día.

—Vivir y expresar lo propio, lo básico, lo creativo, lo natural.

—Usar las palabras al servicio de su libertad.

—Afrontar riesgos y también pedir ayuda.

—Desarrollar habilidades y sensibilidades que surgen de su naturaleza humana.

Hablamos de educación sobre todo antes, pero también en la etapa escolar. Hábitos educativos que proporciona la educación familiar básica y que refuerza y cultiva la escuela. El resultado es personas plenas y no peleles...

Lo urgente son educadores que ayuden a los padres en esa etapa educativa (0-6 años) y necesitamos maestros que también eduquen en la etapa escolar. Unos y otros formados para su función que consiste tanto en ayudar como en dejar. Saber cuándo, para qué, a quién, en qué y cómo ayudar; y saber cuándo, para qué, a quién, en qué y cómo dejar. Es el epítome de calidad de esos profesionales educadores.

Las universidades saben todo eso ¿...?, falta que lo pongan en práctica de forma generalizada; tendríamos profesionales educadores en nuestra sociedad y no encontraríamos tanta falta de educación que hoy, erróneamente, es denominada de formas diversas: machismo, fobias, racismo, etc. pero que son directa y lamentablemente mala educación (de esto hablaremos otro día).

Mientras tanto, Sra. Carmena, aún está Vd. a tiempo de entender algo sobre educación. Vd. y todos, tantos, muchos políticos que, desde su ignorancia, «la ignorancia es la fuerza» (decía Orwell, 1984) hacen un gran daño a los ciudadanos menores y deseducan ampliamente; lo estamos viendo de forma superlativa estos días. Es la confusión que tenemos...

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