INVESTIGACIÓN
El mundo esotérico de Federico García Lorca
El profesor Ismael Ramos desvela en un libro la faceta ‘cósmica’ del poeta granadino

El profesor granadino Ismael Ramos.
Vicente Aleixandre dijo de Federico García Lorca que «pasaba mágicamente por la vida» y entre sus allegados hubo quien lo consideró «un niño mimado por las hadas», «un elegido», «un hombre de naturaleza cósmica» e incluso un médium, y ahora un estudio del profesor granadino Ismael Ramos ahonda en la faceta «esotérica» del poeta universal. El mundo esotérico de Federico García Lorca, editado en Granada por Comares, es el breve volumen de apenas un centenar de páginas que Ismael Ramos, autor de otro estudio sobre las relaciones con la masonería de García Lorca, ha escrito con criterios académicos y «con todo el rigor científico» que le merece el respeto por el poeta, según ha dicho a Efe. Ramos ha limitado su investigación a las personas más allegadas al poeta y a testimonios directos, entre ellos los de su madre y dos hermanos o los de amigos como el diplomático chileno Carlos Morla Lynch, que dejó cientos de páginas de su relación con Lorca, en las que recogió muchas de sus conversaciones. Morla Lynch, recuerda Ramos, sostenía que no había un único Federico y que uno de ellos era el del «más allá», mientras otros allegados consideraban que poesía aptitudes de «adivinación y vaticinio» o que tenía «ciertas y desconcertantes facultades telúricas que venían a constituir en el poeta granadino como un sexto sentido». En Lorca, tanto en su persona como en su obra, «habitaba un inmenso y plural mundo esotérico», según Ramos. Aunque Lorca negaba ser supersticioso, Ramos recoge numerosos testimonios que dan prueba de lo contrario, así como de las ensoñaciones, premoniciones y la relación con la muerte del poeta, y hasta de algunos rituales de exorcismo y de cómo él mismo dirigió sesiones de espiritismo, lo que en la época, aclara el investigador, no era infrecuente. También de que en algunas casas no pisaba un determinado escalón, de las precauciones que tenía con la pronunciación de la palabra víbora o bicha o de cómo interpretó como presagios de su muerte que una bala perdida se incrustara en el techo de su casa de Madrid o que antes de su final se cruzara con un grupo de abejorros negros.