El jurado basa el fallo en la negligencia de la operación que puso en peligro la vida del público
Declaran culpable a Scotland Yard en la muerte del brasileño Menezes

ANDY RAIN
Scotland Yard fue ayer jueves condenada al pago de una multa de unos 260.000 euros y de costas judiciales por valor de otros 570.000, después de que un jurado inglés fallase que fue culpable de incumplir la ley de Higiene y Seguridad en el Trabajo cuando puso en peligro la vida del público en el curso de una operación policial que culminó hace dos años y medio con la muerte de un joven brasileño. El fallo del jurado fue recibido como una buena noticia por la familia del fallecido, Jean Charles de Menezes, que tenía 27 años en el momento de morir, pero sus allegados y abogados prometieron que mantendrán su demanda para que se abra una encuesta pública sobre lo sucedido. Los hechos tuvieron lugar el 22 de julio de 2005, quince días después de que un comando suicida de jóvenes islamistas británicos causara 52 muertos y produjese heridas a otras setecientas personas, al explotar las bombas que llevaban en sus mochilas cuando estaban en metros y autobuses de la red de transporte público de Londres. El 21, en la víspera de los hechos ahora juzgados, otros cuatro fundamentalistas, éstos acogidos como refugiados en Reino Unido, intentaron autoinmolarse y provocar una masacre entre los usuarios del transporte público. Pero los terroristas del día 21 no pudieron cumplir sus planes, porque fallaron las bombas que transportaban en sus mochilas. Huyeron de los trenes y del autobús en el que intentaron perpetrar sus atentados y las fuerzas de seguridad los buscaban. Uno de ellos, identificado luego como Hussain Osman, fue filmado por las cámaras de seguridad cuando abandonaba la estación de metro en Stockwell, en el sudoeste de Londres. La policía logró pronto identificarle y localizar su residencia, un apartamento en Scotia Road, relativamente cerca de la estación. En el mismo bloque de apartamentos vivía el joven electricista brasileño, De Menezes Desde las seis de la mañana del día 22, policías especializados en seguimientos se relevan en el exterior del bloque de apartamentos. Los policías que vigilan en la calle filman a quienes salen del bloque, pero, cuando lo hace De Menezes, a las 9.33, el encargado de identificarle y seguirle está orinando y no le identifica. A las 9.34, se recibe un mensaje en la Sala de Control diciendo que el sospechoso coincide con la descripción de Osman. A las 9.39, un policía comunica a control que De Menezes es «posiblemente idéntico» a Osman. El policía que sube al autobús con De Menezes no está seguro, a las 9.43, de que sean la misma persona. Las descripciones son vagas. El brasileño tiene, según el policía que va en el mismo autobús, «ojos mongólicos». A las 9.47, el asesor de la Sala de Control sobre armas dice que los que siguen al brasileño dicen que no es Osman. El autobús se acerca a la estación de metro de Stockwell, donde se vio a Osman por última vez. El terrorista está en ese mismo momento disfrazado de mujer, cubierto por una burka, embarcando hacia Italia. De Menezes está caminando hacia la boca del metro. Delante suyo va uno de los policías que le siguen. A las 10.03, el que le sigue pide instrucciones y la respuesta tarda en llegar 86 segundos. Le sigue cuando entra en las barreras del metro. En ese mismo minuto, el coordinador de los equipos SO19 grita por radio a su equipo que lleguen de una vez a la estación. Cuando llega al tren, a las 10.04, hay tres policías en su vagón, otro fuera, en el andén. Los cuatro están incomunicados porque sus radios no funcionan en los túneles subterráneos. De Menezes se sienta. A su lado tiene un policía de seguimiento. Uno de los policías que está en pie cruza su mirada con los armados, que acaban de llegar corriendo al andén. Señala con sus ojos a De Menezes. El policía que se sienta a su lado se pone en pie. De Menezes se pone en pie. El policía le reduce. Los armados se abalanzan sobre ambos. Apartan al policía que forcejea con De Menezes. Matan al chico brasileño con siete disparos en la cabeza y el corazón con proyectiles de punta hueca, que se aplastan en los órganos vitales y matan más rápidamente a un presunto asesino suicida.