León exige explicaciones al olvido inversor frente al impulso que vive el Corredor Atlántico
Desánimo empresarial por la reiterada ausencia de un plan director con proyectos y presupuestos concretos. «Quedar fuera del futuro del transporte europeo es mortal para nuestra competitividad»

El desarrollo del polo logístico de Villadangos se esgrime también como argumento.
Entre la reivindicación y cierto desánimo caminan las expectativas de los empresarios leoneses frente a la evidencia de que, año tras año, y a pesar del impulso inversor del que presume el Gobierno, las grandes aspiraciones de la provincia para convertirse en nudo logístico y de mercancías de todo el noroeste peninsular dentro del nuevo mapa europeo de comunicaciones naufragan sin proyectos e inversiones concretas ejecutadas. O al menos proyectadas y presupuestadas. El futuro que promete el Corredor Atlántico se desdibuja en León, que ni siquiera ha conseguido que se presenten en la provincia proyectos concretos a nivel local, algo que hace meses se llevó a cabo en Galicia y Asturias, los otros dos puntos de este proyecto de desarrollo económico.
«El noroeste está olvidado, no cuenta. Tiene poca población, no es rentable en votos. Y esta es una decisión claramente política, que ahonda la desigualdad para esta tierra». Para Javier Vega, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de León, «el que no haya un plan director que considere a la provincia como centro neurálgico de comunicaciones en infraestructuras del noroeste es mortal, y lo es más para El Bierzo. La comunicación con Portugal, la Ruta de la Plata, con Galicia y Asturias, no tiene otro camino que no sea León. No tiene sentido que lo nieguen, pero todo lo que está pasando nos hace pensar más en una decisión política que en tener en cuenta a los ciudadanos».
Los empresarios leoneses, junto con los asturianos y gallegos, iniciaron hace ya nueve años un movimiento común para integrar el noroeste en las grandes vías de comunicación proyectadas por Europa. Al final entraron a formar parte del proyecto del Corredor Atlántico, uno de los nueve que componen la Red Transeuropea de Transportes (Tent-T), cuya primera fase de inversiones, la más importante, tiene que estar concluida en 2030.
Cinco años en los que el Gobierno tiene previsto acelerar la ejecución de proyectos y en los que se calcula invertir más de 26.000 millones de euros, de los más de 49.000 en los que se calcula el coste total de las infraestructuras de transportes. De ellos unos 12.000 en el sistema ferroviario.
El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible que preside Óscar Puente acaba de detallar que en 2025 se invirtieron 3.123 millones de euros en este corredor, un 122% más que el año anterior. «Este ha sido el año de Corredor Atlántico», presume el ministro, que asegura que las «actuaciones esenciales para el tejido económico y social» se han repartido por todo el territorio implicado.
En León las actuaciones, según el ministerio, se han centrado en modernizar la línea ferroviaria de ancho convencional entre León y Gijón, y «aumentar los estándares de calidad de la línea para potenciar los tráficos tanto de viajeros como de mecancías».
Nada se sabe de la solución del lazo del Manzanal, ineludible para el desarrollo de las comunicaciones en todo el noroeste y que rompería el bloqueo del Bierzo y permitiría convertir realmente a León en nudo de las comunicaciones y enlace con el resto de Europa. Tampoco de la Vía de la Plata, uno de los proyectos que la provincia (como todas las afectadas) considera estratégico para el desarrollo económico y que ha quedado aplazado para posteriores fases de ejecución del corredor.
Lo cierto es que León arranca 2026, un año más, como potencial nudo de comunicaciones del noroeste en el Corredor Atlántico, pero ignorado en la presentación y el compromiso de actuaciones concretas que sí se han realizado en Galicia y Asturias. Con toda la ambición de entrar en el engranaje de competitividad que le darían los enclaves logísticos, las potentes autopistas ferroviarias y el acceso a los puertos. Pero con la misma incertidumbre que en los últimos años. Ni realidades, ni proyectos.