Diario de León


Las dos caídas en Dámaso Merino de León

El segundo desplome agrava la estructura secular de un edificio que tiembla desde abril de 2011. 

En abril de 2011 la Casona perdió su primer lateral.  Derrumbe del día 14 en el esquinazo con el Camarote Madrid.

En abril de 2011 la Casona perdió su primer lateral. Derrumbe del día 14 en el esquinazo con el Camarote Madrid.dl dl

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Redacción
León

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La calle Dámaso Merino se acostumbró al mullido del escombro hace 15 años; hubo otra vez, una primera para este edificio del siglo XVI, que también da nombre a uno de los viales verticales en el acceso a la Catedral; era abril, 23, y a plena luz del día colapsó la techumbre; quedan imágenes en las hemerotecas de aquel momento que ninguna ciudad quiere que suceda; un derrumbe es un fracaso; un derrumbe de una construcción de 400 años es una frustración. 

La casona debía de haber perdido parte de la techumbre y se empapó de lluvia en una primavera propia de los abriles de León, hasta que los muros se calaron y cedieron. 

Hubo un estruendo a mediodía y la zona, en mitad de una jornada en la que no se trabaja en León, se llenó de curiosos. Son analogía del mismo destino que volvió a llamar la noche del sábado a la Casona de Dámaso Merino, para dejar que se desplomara el encaje de la fachada de esquina. 

Otra vez los escombros en la calle, en ese olor característico que dejan las ruinas, entre el polvillo persistente de la quiebra, que suele agarrarse a la pituitaria con la insistencia del rancio de los sótanos. Hace quince años, entonces, que los pájaros tomaron posesión de la casona, otro inmueble solariego leonés en funciones de palomar, abierto en canal por la cara del mediodía, y sus cargaderos hechos añicos; una pared de ladrillos de termoarcilla evitó que la nave central de la construcción se viniera abajo; pero no el vacile por el chaflán que se entornó definitivamente con el segundo desplome, con las vigas maestras y los salientes de los aleros apuntalados. La ciudad pudo ser testigo durante más de una década de cómo la pared de barro, revocada, amenazó con el desenlace del sábado noche

Avisó la pared, avisó el vecindario, avisaron los turistas y otros viandantes en esta concurrida diagonal de tránsito entre el casco histórico de León, de zona de alterne a zona de alterne, que acostumbraban a caminar apegados a la pared de enfrente; avisó el Procurador del Común, para exigir al Ayuntamiento de León que adoptara, «con la mayor celeridad posible», las medidas para «salvaguardar la seguridad pública» comprometida por «el evidente deterioro físico y la posible inestabilidad estructural» de la casona solariega de la calle Dámaso Merino.

El «claro incumplimiento del deber legal de conservación por parte de sus propietarios, agravado como consecuencia del transcurso del tiempo y de las inclemencias meteorológicas a las que se haya expuesto», hace que desde la institución dirigida por Tomás Quintana se exija al consistorio que «proceda a la ejecución subsidiaria de las labores de conservación y cuantas resulten necesarias conforme a lo previsto legalmente» para que no se venga abajo el edificio de «más de 400 años de antigüedad, con una fecha indeterminada de construcción, entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII».

La teoría se amilana ante la práctica; el resultado con la Casona de Dámaso Merino sólo podía empeorar; dos desplomes en quince años, como si el primero no hubiera sido bastante.

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