Diario de León

La iniciativa pretende optimizar la gestión de estos recursos

La Reserva de Omaña y Luna evalúa la calidad de los prados en tres localidades

Paraje en Barrio de la Puente.

Paraje en Barrio de la Puente.RBVOYL

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La Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna (RBVOyL) ha presentado los primeros resultados de su trabajo de monitorización y análisis en distintos prados de siega y prados abandonados para integrar estrategias de resiliencia frente al cambio climático.

Las reservas de la biosfera, una figura de protección designada por la Unesco, el organismo especializado de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura, están adaptándose a una realidad que viven cada día: el calentamiento de sus ecosistemas.

Desde el verano de 2022, en el marco del proyecto Somos Agua II, está llevando a cabo esta medición con el objetivo de implementar un sistema integral basado en tecnologías avanzadas y análisis de datos, que permita optimizar la gestión y los recursos asociados a estos ecosistemas clave.

El estudio se lleva a cabo en tres localidades de la reserva: Barrio de la Puente, Caldas de Luna y La Urz. En cada lugar se trabajan dos tipos de prados: un prado de siega, que incluye una zona con riego y otra sin riego, y un prado abandonado.

Esta variedad de escenarios permite analizar cómo el manejo, el riego o el abandono afectan aspectos clave como la calidad del forraje, la vegetación y las condiciones del suelo.

El trabajo comienza con una caracterización inicial de los suelos y continúa con mediciones mensuales de humedad y otros parámetros como la calidad del suelo, utilizando herramientas específicas como el higrómetro.

En primavera y verano, se lleva a cabo un análisis detallado de la biodiversidad vegetal en los distintos tipos de prados. Además, se recolectan muestras de aproximadamente un kilogramo en primavera y otoño para analizarlas en el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), donde se evalúa su valor nutritivo y calidad como alimento para el ganado.

Con respecto a los prados abandonados, ya se ha determinado que en otoño se produce una disminución del contenido proteico y un aumento en la calidad de fibra. Esto se debe a la maduración natural de las plantas y los cambios en la composición botánica.

Sin embargo, en primavera, estos prados tienden a sobresalir en biodiversidad y proteína debido a su regeneración natural tras el invierno, pero tienen menor calidad estructural del suelo.

Por su parte, los prados de siega se convierten en un recurso más valioso ya que su calidad mejora notablemente en otoño, probablemente debido al abono natural que aporta el ganado cuando se les introduce durante el verano.

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